Rituales, historias y sabores ancestrales en la Fiesta de Todos los Santos de Del Costumbre Café

La celebración otomí-tepehua del Día de Muertos llega a Tenango de Doria con Del Costumbre Café
Del Costumbre Café llevará a cabo la Fiesta de Todos los Santos en Tenango de Doria, donde se presentarán actividades relacionadas con la tradición local, siendo una asociación que trabaja en la creación de estrategias para la reproducción de los usos y costumbres en la región Otomí-Tepehua.
El 9 de noviembre próximo, a partir del mediodía, se realizarán diversas actividades como la puesta de ofrenda, explicación de los rituales, proyección de un video cultural del Día de Muertos en Tutotepec, historias y narraciones, y juegos tradicionales. También habrá un buffet de pan regional y una rifa de canastas de Día de Muertos.
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Al respecto, Miriam Montes, barista y responsable de Del Costumbre Café, junto con el biólogo Levi Yair, responsable en campo, explicaron: “El Día de Muertos entre los otomíes es parte de una costumbre que vincula el mundo de los difuntos con nuestro mundo terrenal o mundo de los vivos. Es una fecha especial en la que nuestros seres queridos, que han partido al otro mundo, nos visitan para convivir”.
“Es una fiesta y una ofrenda importante en la que, desde Del Costumbre Café (ubicado en la comunidad Santa María Temaxcalapa), participamos activamente, porque somos parte de la Cosmovisión de nuestro pueblo otomí”, precisó.
El Día de Muertos es una gran fiesta regional y una de las tradiciones más importantes para la región Otomí-Tepehua, conocida en la lengua otomí en su variante hñähñu como Ngo du.

Añadió que, “con meses de anticipación, se siembra la flor de cempasúchitl y sempiterna que se usarán para adornar los altares y guiar a los santos difuntos. Un mes antes inician las famosas plazas grandes, donde la gente se prepara comprando cacao y piloncillo para elaborar chocolate, ceras, veladoras, canastas, morrales, ollas, incienso y copal. En la última plaza grande se compran los alimentos perecederos, como pan, masa, hojas para tamales, trabucos, causasa (una especie de cilantro salvaje), y adornos, como papel picado y flores.
“En la celebración hay elementos significativos que forman una pieza fundamental: altar, veladoras, camino de pétalos de cempasúchitl, incienso, alimentos, flores y música en forma de sones”, mencionó.
“A partir del 31 de octubre al 2 de noviembre comienzan las fechas fuertes. Desde muy temprano, las mujeres preparan alimentos para la ofrenda, como tamales, mole, caldo de pollo, atoles, café y trabucos, que representan a los fieles difuntos debido a su forma envolvente. Mientras tanto, los hombres montan altares llenos de colores, decorados con rosarios, arcos de flores, imágenes religiosas, fotografías, manteles bordados; la gente usa toda su creatividad para que su altar luzca bonito”, comentó.

No pueden faltar para estos días el pan de muerto con una forma que representa los huesos humanos, de los brazos cruzados en el pecho, lo cual simboliza el espíritu de las personas.
“El 2 de noviembre, las familias se reúnen en el panteón desde muy temprano para adornar las tumbas de sus seres queridos con flores de cempasúchitl, rezar y llorar por ellos. En el municipio de San Bartolo Tutotepec, especialmente en la comunidad de Tutotepec, tenía lugar la ceremonia de la Lloradera del Hueso, una práctica antigua en la que se exhumaban los restos de los difuntos para limpiarlos y compartir alimentos en un ambiente solemne. Las tumbas abiertas, eran adornadas con coronas de flor de cempasúchil o algunas otras elaboradas con papel, alimentos en jarros, cazuelas nuevas, ceras gruesas y los copales con incienso. Aunque ha sido prohibida por cuestiones sanitarias, las visitas al panteón siguen siendo parte integral de la celebración.
“Actualmente, las tumbas se decoran con flores, coronas de cempasúchitl y se colocan canastas con comida y velas en honor a las almas que nos visitan. El ambiente se enriquece con los sones de tríos huastecos y bandas de viento”, finalizó.
Sara Elizondo | Pachuca