El reloj seguirá avanzando y muy tristemente tendremos que reconocer que se acabaron y más bien nos acabamos los glaciares en el mundo y habrá que compensar de una u otra manera los efectos que ello conlleva.

Mucho se habla del cambio climático, de los huracanes, de los fenómenos naturales provocados por el incremento de las temperaturas en distintas regiones, pero pareciera que se nos pasó de noche el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares.
Seguramente habrán visto las escenas de la Antártida o el Polo Norte y los desgajamientos de grandes bloques de hielo ante la mirada atónita de turistas o científicos y desafortunadamente no estamos conscientes de que en nuestro país tenemos o teníamos glaciares.
En 2018, según información de la Asociación Nacional de Entidades de Agua y Saneamiento de México AC, el glaciar Ayoloco —que se encontraba en el Iztaccíhuatl— fue declarado extinto. Este glaciar hace 150 años cubría 6.23 kilómetros de la montaña. El Popocatépetl también tuvo glaciares, pero debido al incremento en su actividad volcánica estos también desaparecieron en el año 2000.
Actualmente ya solo existe un glaciar en el Pico de Orizaba, denominado Jamapa, el cual también ha perdido su tamaño.
A nivel mundial las cifras son alarmantes: Agnés Bardon, en su artículo sobre glaciares para Unesco y con información de la Academia Suiza de Ciencias Naturales del año 2023, menciona que los glaciares suizos se han derretido más en los dos últimos años que entre 1960 y 1990 y han reducido su volumen en un 10 por ciento tan solo entre 2022 y 2023. En los Andes tropicales entre el 78 por ciento y el 97 por ciento del volumen glaciar podría desaparecer para el año 2100. En África el glaciar en el Kilimanjaro se estima que desaparecerá para 2050.
Los glaciares representan una gran importancia para la existencia de agua dulce en el planeta y han servido para dotar de agua a millones de personas. Otro de los grandes efectos colaterales de la desaparición de los glaciares es el incremento del nivel del mar, lo que representa riesgos a zonas costeras.
En el caso específico de nuestro país, la desaparición del glaciar Jamapa representará un riesgo para la población que depende de las cuencas del Jamapa-Cotaxtla, que nacen en el Pico de Orizaba y que dan agua a poblaciones como Córdoba, Coscomatepec, Orizaba, Huatusco, el puerto de Veracruz y Boca del Río, así como algunos lugares del estado Puebla.
Los glaciares también ayudan a regular los ecosistemas y el clima, su desaparición afecta los ciclos hídricos y pone en riesgo las cosechas derivado de las sequías que se generan.
Una vez más queda demostrado que el incremento de la temperatura en el planeta nos afecta a todos y que hoy en día todavía no se alcanzan los objetivos a nivel mundial para revertir el calentamiento global.
El reloj seguirá avanzando y muy tristemente tendremos que reconocer que se acabaron y más bien nos acabamos los glaciares en el mundo y habrá que compensar de una u otra manera los efectos que ello conlleva.
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