Lentamente y casi con temor, Ernesto se acerca a la orilla del río Tula para cerciorarse si aún está en niveles aceptables o si la creciente le dará tiempo para subir sus cosas al segundo piso de su casa para evitar perderlo todo como hace tres años.

Lentamente y casi con temor, Ernesto se acerca a la orilla del río Tula para cerciorarse si aún está en niveles aceptables o si la creciente le dará tiempo para subir sus cosas al segundo piso de su casa para evitar perderlo todo como hace tres años.
Ernesto es un sobreviviente de la inundación de aquel 7 de septiembre del 2021. Sus ojos se nublan tan solo de recordar aquella noche cuando el torrente le llegó de golpe a su vivienda, que se ubica a poco más de 50 metros de la ribera del río.
Como si fuera ayer, Ernesto siente el mismo miedo como hace tres años, cuando se quedó abrazado a una columna de su casa que apenas había terminado de construir y gritaba que ya no podía más, que ya estaba entumido.
Ernesto estuvo varias horas en la oscuridad de la noche, con frío y resistiendo el golpe de la torrente, que parecía querer arrancarlo y llevárselo entre sus aguas pestilentes. Pero Ernesto resistió y al día siguiente fue rescatado por la lancha de bomberos para llevarlo a un lugar seguro.
Así que ahora, cuando Ernesto se dio cuenta que nuevamente el río aumentaba su cauce y los anuncios de Conagua señalaban que al río Tula estaba llegando del Valle de México 330 metros cúbicos por segundo de aguas residuales, un sudor frío le recorrió la espalda y el miedo regresó.
Como desde hace tres años después de la gran inundación, Ernesto había construido un segundo piso a su casa, previendo que volviera a ocurrir la tragedia del 2021. La madrugada de este martes comenzó a subir sus muebles, la estufa, el refrigerador, la sala, el comedor y todo lo que con tanto esfuerzo había adquirido después de que el río se llevó todo.
Encabronado, Ernesto aún no puede creer que otra vez tengan que estar con el alma en un hilo y sin dormir, porque las aguas de la Ciudad y del Estado de México estén llegando y que las obras tan cacareadas por el gobierno federal no estén dando el servicio que habían anunciado.
Ernesto cuestiona que ese realineamiento del río solo se haya realizado en una zona de la Ciudad y que colonias como la San Marcos, que es donde él vive, no le hayan limpiado el cauce, que decenas de troncos y maleza sean arrastrados por la corriente, lo que puede ser un tapón que haga una represa y de nuevo las inundaciones afecten a las colonias que no fueron incluidas en el alineamiento del río.
Las vecinas de la colonia San Marcos, ya enfurecidas, aseguran que ellas no son ingenieras hidráulicas, pero su sentido común les indica que hay que limpiar el río de maleza para evitar que haya taponamiento del torrente y que esos 330 metros cúbicos por segundo de aguas negras que llegan del Valle de México no les chingue sus casas, su patrimonio o sus vidas.
Al igual que en la colonia San Marcos, donde vive Ernesto y su familia, en otras colonias de Tula hay un sentimiento de miedo, y no es para menos. En aquel 2021 murieron 17 personas ahogadas en el Hospital del IMSS cuando estaban conectadas a un respirador a consecuencia del COVID, cientos de negocios se perdieron, al igual que cientos de viviendas inundadas por la llegada de más de 500 metros cúbicos por segundo de aguas cochinas.
Lo grave es que les prometieron apoyos para poder recuperar sus negocios, sus casas y sus vidas, promesas que hasta ahora no se han cumplido. Y lo más grave, que las autoridades de Conagua les digan que las obras de realineación del río pueden soportar mayores volúmenes de metros cúbicos de aguas negras.
¿Saben qué dicen los vecinos de las colonias afectadas?
Que no la chinguen.