El reciente multihomicidio ocurrido en Azoyatla sacudió profundamente a la sociedad hidalguense. Más allá del horror —y error— que este suceso provoca, es imperativo que la indignación colectiva trascienda más allá de las redes sociales y las conversaciones cotidianas…

José Raquel Badillo
El reciente multihomicidio ocurrido en Azoyatla sacudió profundamente a la sociedad hidalguense. Más allá del horror —y error— que este suceso provoca, es imperativo que la indignación colectiva trascienda más allá de las redes sociales y las conversaciones cotidianas para transformarlo en un punto de inflexión dentro del sistema judicial. No podemos ni debemos permitir que este crimen quede en el olvido ni que su impacto se diluya en el acostumbrado ciclo de indignación mediática sin consecuencias reales. Es momento de que Hidalgo siente un precedente jurídico que garantice la responsabilidad de quienes tienen en sus manos la administración de justicia.
En casos de negligencia médica, el camino está claro: cuando se demuestra la culpa de un profesional de la salud, este puede ser inhabilitado y, en los casos más graves, enfrentar sanciones penales. No hay razón para que el mismo principio de responsabilidad no se aplique a jueces y magistrados. Si un fallo judicial negligente permite que criminales continúen en libertad y deriven en tragedias como la de Azoyatla, entonces es imperativo establecer mecanismos claros para que los jueces sean evaluados, sancionados e incluso inhabilitados cuando se demuestre su responsabilidad.
Hidalgo tiene hoy la oportunidad de avanzar hacia una reforma judicial que contemple la figura de la negligencia judicial como causal de inhabilitación. La confianza en las instituciones no se recupera con discursos, sino con acciones contundentes.
Dice Rachy: Cada que es 14 de febrero, no dejo de pasar la oportunidad para agradecerle al Todopoderoso por lo afortunado que soy al contar con amigas y amigos.
¿Cómo no estar agradecido con él y con la vida en el sentido estricto de poseer amistades?
En el contexto del amor puedo jactarme de poseer mejor suerte que la del cantautor español Joaquín Sabina. Este artista un tanto decepcionado con la vida, refunfuña de su mala suerte pues en su existencia asegura que ha conocido a “hombres pobres, tan pobres que lo único que tienen es dinero”.
Y es esta reflexión la que me obliga a dar mi testimonio opuesto a lo describe el célebre baladista, pues la vida me ha permitido conocer a “mujeres ricas, tan ricas que lo único que no tiene es dinero”.
Y vaya riqueza la poseen: derrochan risas que valen más que cualquier cuenta bancaria, me han regalado abrazos más que efectivo es afectivo, sin omitir las transferencias de humores…
Quizás no pocas veces haya sido catalogado de ser un verdadero caza fortunas por ponerle interés a lo tienen en el banco…