Imagen: José Raquel Badillo Medécigo
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Hace (16) meses

La camisa del hombre feliz

Queridos lectores, hoy deseo compartir con ustedes una reflexión inspirada en el célebre cuento del escritor ruso León Tolstói, La camisa del hombre feliz. Esta historia, que ha trascendido generaciones, nos invita a cuestionar la verdadera naturaleza de la felicidad y a examinar, bajo una analogía más profunda, la gestión del poder y la toma de decisiones en los círculos de liderazgo.

Imagen: La camisa del hombre feliz

José Raquel Badillo

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Queridos lectores, hoy deseo compartir con ustedes una reflexión inspirada en el célebre cuento del escritor ruso León Tolstói, La camisa del hombre feliz. Esta historia, que ha trascendido generaciones, nos invita a cuestionar la verdadera naturaleza de la felicidad y a examinar, bajo una analogía más profunda, la gestión del poder y la toma de decisiones en los círculos de liderazgo.

Cuenta la narración que, en un lejano reino del norte, un zar próspero cayó en una profunda tristeza que ni los más sabios médicos del imperio lograban aliviar. Aplicaron remedios de todo tipo, desde baños medicinales hasta exóticos bálsamos traídos de tierras lejanas, pero el monarca solo empeoraba. Desesperado, prometió la mitad de sus riquezas a quien lograra curarlo. Entonces, un poeta de la Corte sugirió un remedio inesperado: vestir la camisa de un hombre plenamente feliz. Sin embargo, tras una ardua búsqueda, los emisarios descubrieron que aquel hombre dichoso era tan pobre que ni siquiera tenía una camisa. La moraleja es clara: la felicidad no radica en las posesiones materiales, sino en la actitud ante la vida.

Llevando esta historia al ámbito del poder, encontramos una interesante paradoja. No son pocos los líderes —alcaldes, gobernadores o presidentes— que, sumidos en preocupaciones y rodeados de asesores, buscan respuestas que a menudo les son entregadas con las manos vacías. Raros son aquellos funcionarios que, en lugar de señalar la carencia, ofrecen soluciones concretas. ¿Por qué nadie pensó en darle una camisa al hombre feliz para resolver el dilema del zar? Comprándole una camisa para el hombre feliz podrían llevársela después al rey ¡y en una de esas el rey sanaba, sugestionado quizás por saber que tenía al fin la cura de su malestar entre sus manos!

Un asesor eficiente no solo detecta problemas, sino que anticipa soluciones. Y aquí radica una verdad ineludible: la lealtad sin capacidad es estéril. En el ejercicio del poder, la visión y la inteligencia práctica resultan más valiosas que la simple obediencia.

En otra leyenda histórica refiere que en la guerra de los españoles contra los moros el Cid Campeador había muerto, no obstante, la viuda Jimena Díaz ordenó fuese montado en su caballo vestido con armaduras logrando infundir temor al enemigo. Este es un ejemplo de liderazgo que aún en el infortunio pueden revertirse o atenuarse los males.

Dice Rachy: Y así, al igual que en la historia del zar, seguimos viendo gobernantes rodeados de asesores que regresan de sus misiones con las manos vacías —dan ganas de compararlos con algunos de los actuales—, sin más excusa que la de no haber sabido ver lo evidente.

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