En Pachuca, la sucesión municipal ya empezó, aunque todavía muchos quieran hacer como que no pasa nada.

José Raquel Badillo Medécigo
En Pachuca, la sucesión municipal ya empezó, aunque todavía muchos quieran hacer como que no pasa nada.
En 2024 Morena ganó la presidencia municipal de Pachuca con el respaldo Nueva Alianza, pero también con una operación política donde varios actores cerraron filas para evitar que la candidatura direccionada se saliese de control.
En aquella coyuntura, Navor Rojas jugó un papel importante. No fue el candidato, pero tampoco fue un actor menor. Junto con otros liderazgos de Morena, ayudó a cerrar filas a favor del actual alcalde.
Ricardo Crespo encontró acomodo político como diputado federal y Andrés Velázquez Vázquez terminó fortalecido como presidente de la Junta de Gobierno del Congreso de Hidalgo de la actual legislatura; sin embargo, Navor Rojas fue relegado del trato emulado a las corcholatas presidenciales que obtuvieron premios de consolación.
Navor Rojas quedó a la deriva y su cargo a la Odeco no fue promovido desde el estado, fue por la federación, para no dejarlo desprotegido en la conclusión del trabajo senatorial.
Hoy Navor Rojas vuelve a levantar la mano por Pachuca. Dejó la Profeco y volvió a colocarse abiertamente como aspirante al gobierno municipal.
Sorprendió porque mientras a nivel nacional muchos actores de Morena han optado por una prudencia calculada, esperando que los escenarios se aclaren por la debacle provocada por el caso Rubén Rocha, donde ya ha empezado hacer estragos electorales como ocurrió en Coahuila; Navor en contralógica, decidió levantar la mano.
Pero la pregunta ineludible: ¿Regresa para competir dentro de Morena o regresa para cobrar una factura pendiente?
Porque en la selección anterior por Pachuca no fue del todo transparente. Pablo Vargas representaba al sector fundador de Morena en Pachuca, pero fue relegado por su vínculo familiar con Arturo Herrera defenestrado por AMLO. Le endilgaron una factura que no estaba obligado a pagar y aprovecharon esa circunstancia para vetarlo mientras tejían acuerdos de grupo y acomodos para favorecer a otros actores.
Hoy Navor Rojas está susceptible a repetir esa historia o, si es que aprendió de ella, a esquivarla. Porque Navor podría convertirse en el factor de ruptura. Si el grupo gobernante decide cerrar nuevamente la puerta, Navor tendrá que calcular: disciplinarse y esperar ahora sí por un premio menor o jugar la carta más incómoda: convertirse en aliado indirecto de una candidatura alterna a Morena.
No se trata necesariamente de que Navor gane fuera de Morena. La política no siempre funciona así. A veces se gana perdiendo. A veces se gana restando.
Si Morena decide imponer unilateralmente, como en el 2024, Navor podría convertirse en el voto inconforme y a su vez ser la piedra en el zapato de su propio partido.
Tampoco hay que subestimar la conexión que hagan otros partidos con sus candidatos, porque hay algo de razón cuando desde las mañaneras se afirma:
¡Estados Unidos pretende ser el gran elector! Muchos morenistas que sueñan en ser candidatos preferirán guardar sus aspiraciones cuando la incertidumbre provocada desde el país vecino del norte se haya disipado…
DICE RACHY: Salir ungido como candidato de Morena al día de hoy no representa ninguna plusvalía que esa franquicia auguraba por si sola. Aunque no lo reconozcan sus militantes, Morena está devaluada y vulnerable en cuanto a su credibilidad, aunado al descrédito que desde el exterior puedan propinarle en las próximas semanas…
¿Por otro lado, quién dentro de la militancia morenista puede, en estos momentos de incertidumbre política, hacerle contrapeso a Navor?
Faltó decirlo: en la política también se pierde ganando…
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