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Hace (2) meses
Narrativas ajenas

Por si no fuera suficiente la decisión del presidente de ir contra los organismos autónomos para buscar su desaparición, hoy se suma la presidenta de un organismo autónomo a la cargada para buscar que el poder legislativo desaparezca el que ella encabeza.

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Por si no fuera suficiente la decisión del presidente de ir contra los organismos autónomos para buscar su desaparición, hoy se suma la presidenta de un organismo autónomo a la cargada para buscar que el poder legislativo desaparezca el que ella encabeza.

Rosario Piedra, presidenta de la CNDH, deja su lugar a un organismo nuevo. Dijo que debe permitirse “que la Defensoría Nacional de los Derechos del Pueblo emerja como una institución nueva”.

Y agregó: “Más aun, que es indispensable renovar el sistema no jurisdiccional mexicano, y por ende el sistema jurisdiccional existente, para cumplir cabalmente con lo que dice el artículo 1.° de nuestra Constitución”.

Ha dicho que la CNDH es un organismo, precisamente el que ella preside, que debe “dejar atrás una dinámica institucional hecha para la simulación y el burocratismo, absolutamente funcional, al acuerdo de impunidad y silencio prevaleciente entre autoridades en los pasados 70 años”.

Hay dos cosas que son importantes en el tema, no basta con que en el informe de labores institucional se afirme que ya no sirve; es fundamental que los organismos públicos de defensa de los derechos humanos participen en la discusión.

La CNDH es parte de la Federación Mexicana de Organismos Públicos de Derechos Humanos (FMOPDH). No puede y no debe promover su desaparición sin tomar en cuenta y considerar que el hecho afecta al resto de organismos, los cuales deben opinar al respecto.

Entre las atribuciones de la federación está “el fortalecimiento de los principios de autonomía, independencia y autoridad moral de los organismos públicos de protección de los derechos humanos, a fin de impulsar una eficaz y expedita protección y defensa de los derechos significativos”.

A partir de esta atribución, el anuncio se antoja personal, ajeno al compromiso que los organismos locales de defensa de los derechos humanos trabajan en el país.

Además, construir Defensoría Nacional de los Derechos del Pueblo, sin considerar los estados del país, alteraría la integración del Sistema Nacional de Protección No Jurisdiccional de los Derechos Humanos.

A pesar de que se piensa que los organismos autónomos de defensa de los derechos humanos pueden optar por la denominación de defensoría, esto es necesariamente debatible en la federación para construir de forma armónicamente el conjunto de organismos.

Pero el anuncio se inscribe más en la narrativa del presidente de la República que en la de defensa de los derechos humanos: dar paso y legitimar el discurso presidencial por encima de la propia encomienda otorgada.

El presidente ha dicho de manera reiterada que los organismos son neoliberales, sin decir exactamente por qué los define como tal. Ha dicho que son un despilfarro sin decir qué es lo que despilfarran.

El anuncio, precisamente en año electoral, lleva a la sospecha de por qué ahora. La refriega que el presidente prepara con una andanada de propuestas de reforma electoral, que él sabe que no pasará, lleva el mismo tono del anuncio de la CNDH: mostrar a los ciudadanos el deseo de ayudar y el de estorbar de los adversarios.

El uno y el otro son inadecuados, usados como ruido de fondo, en un proceso que se ve cada día más abrumado e intervenido por el Estado mexicano.

Ambos anuncios, en medio de un proceso en el que la desinformación creada en redes sociales por las llamadas “granjas de bots” atizan el encono social y la desinformación.

Pero además está el uso de la Inteligencia Artificial Generativa, la que ya está siendo utilizada, en el caso de México, en el proceso electoral, por partidos y activistas que trabajan a favor de las candidatas y candidato a la presidencia de la República.

En una entrevista para El Universal, Rubén Darío Vázquez Romero, maestro en Comunicación y doctorando en Ciencias Sociales de la FES Aragón, reconoció que el problema de este fenómeno se encuentra en el país y pone en peligro el mismo proceso.

Contundente, afirmó: “Si uno asume posturas políticas o ideológicas sobre un tema, es muy probable que sea atacado y no necesariamente por personas, sino por un grupo de bots, programados específicamente para atacar cierto tipo de opiniones”.

Mal y de malas con la democracia mexicana. La narrativa del presidente de la República es la misma que pidió que ningún gobierno pudiera hacer y que ahora denomina libertad de expresión. Narrativa discursiva y contagiosa.

Narrativa ajena, que se reproduce en cada rincón del país, crea encono, divide a la sociedad y beneficia a pocos, muy pocos.

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