En tanto, la contraportada del libro advierte su contenido y sus versos son calificados de contundentes, lleno de múltiples voces apasionadas que hacen eco al deseo, dándole a su poesía frescura y espontaneidad.

Elvira Hernández Carballido
La portada de Viento Iracundo —diseñada por Enrique Garnica— hace una alianza profunda con la obra, es el pubis de un cuerpo femenino, dibujado con tinta negra, parece jugar a ser una montaña donde mil nubes descansan. Enfatiza el símbolo de la sexualidad femenina, ese misterio a veces hasta para nosotras mismas. La ilustración encarna el tono tan subjetivo que Nancy Ávila da a sus versos. Por ello, es mi libro de cabecera, la voz de la poeta representa a una sirena que me envuelve en su canto para despeinarme, para compartir su ira y también el amor melancólico que late en cada página.
En tanto, la contraportada del libro advierte su contenido y sus versos son calificados de contundentes, lleno de múltiples voces apasionadas que hacen eco al deseo, dándole a su poesía frescura y espontaneidad.
Un malestar doloroso y conmovedor nos atrapa al leerla. La pregunta abierta provoca melancolía y nostalgia, la duda si esa interrogante recibirá respuesta o el poema está inspirado en una ausencia total y entonces jamás nadie responderá. No hay ninguna introducción a la obra, solamente datos generales insertados en la página legal donde se informa que el jurado del Premio Efrén Reblledo, en su primera edición, estuvo conformado por Juan Bañuelos y Natalia Toledo y decidió hacerla ganadora. El texto de 75 páginas está dividido en 3 partes tituladas de la siguiente manera:
Insomnios de rabia azul.
Usted y yo somos insomnio.
Sola la ciudad se impacienta.
Que en dos de sus títulos haya elegido la palabra insomnio delata la imposibilidad de descansar e incluso de soñar, una fatiga que desgarra emociones, que ni siquiera posibilita la aparición de una temible pesadilla que le oprima el corazón.
La impaciencia no es una palabra más en el título de su último apartado, hay cierta rabia también en sus versos, como si hubiera sido mordida por la decepción, mordida por la desesperanza. Ansiosa de que llegue lo que no espera, palpa algo que molesta y no puede sacudirlo porque vive tatuado dentro de su alma.
La poeta evoca a quien extraña, a quien ama y ya no ama. Reclama la soledad, pero al mismo tiempo parece necesitarla para no olvidar a quien se amó, memoriza el cuerpo amado y palpa el abandono en que vive el suyo. Se mira a sí misma con misericordia, pero a la vez intenta que las palabras la hagan recobrar la fuerza, que su dignidad no muera, que la melancolía se vuelva su aliada. Perder la razón para salvarse, que la demencia permita continuar la misma historia.
Después de explorar y releer a la poeta, considero que pueden identificarse una intensa carga emocional que oscila entre el sufrimiento y la ira, el dolor y el reclamo, la búsqueda de paz a costa de la honesta manifestación del derrumbe de sí misma. Las metáforas y simbolismos parecen suavizar y otras veces acentuar sus manifestaciones de incomodidad con su propio yo. La brevedad de sus poemas juega con la profundidad de cada frase donde la desolación y la impaciencia producen una lectura angustiante, pero a la vez empática; comprender a la poeta, salvar a la poeta, comprender su ira, encontrar las palabras que le permitan volver a atrapar sus sueños.
La poesía de Nancy Ávila produce una sensación inquietante donde la ira y la tragedia logran una alianza en la mirada lectora, un espejo de lo que no se sabe decir, un remanso después de expresar hasta el más profundo sentimiento de amor, enojo, decepción, esperanza y reconciliación… ¡Nancy, deja que te volvamos a leer en otra obra poética!
Ficha: Nancy Ávila (2008). Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, México.
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