Imagen: María Luisa Pérez Perusquía
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Hace (21) meses

La vejez

A propósito del día de las personas adultas mayores, nos detenemos a pensar en la vejez. Desde la Asociación Civil que presido hicimos una serie de actividades y una de ellas fue acercarnos al Festival Viviendo en Plenitud organizado por el DIFH, para recuperar testimonios de las y los asistentes en relación con sus opiniones del significado de vivir en plenitud y envejecer con dignidad.

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A propósito del día de las personas adultas mayores, nos detenemos a pensar en la vejez.

Desde la Asociación Civil que presido hicimos una serie de actividades y una de ellas fue acercarnos al Festival Viviendo en Plenitud organizado por el DIFH, para recuperar testimonios de las y los asistentes en relación con sus opiniones del significado de vivir en plenitud y envejecer con dignidad.

Primero debo decir que las personas adultas mayores que asisten a este tipo de festividades comparten, sin duda, una actitud positiva ante la vida y su lugar en ella. La socialización y la convivencia son esenciales para darle sentido a sus días.

Así, la posibilidad de proveerles de este tipo de actividades y otras del tenor, resulta pertinente considerando que la OMS reconoce al aislamiento social y la soledad, como factores de riesgo clave para que las personas adultas mayores padezcan de afecciones de salud mental.

La OMS sostiene que, en esta etapa de la vida, las actividades sociales fructíferas, además de contribuir a mejorar considerablemente la salud mental positiva, la satisfacción con la vida y la calidad de vida, también pueden reducir los síntomas depresivos.

En la interacción que tuvimos con ellas y ellos destacan una variedad de condiciones que consideran importantes para dotar de significado a esta etapa de la vida, particularmente consideran primordial la salud. Por mucho, el bien más preciado.

La vejez es, entre otras cosas, un fenómeno biológico atravesado por la cultura, el género, la clase, entre otras variables, por lo que el concepto de vejez depende de la condición en la que se llega a ella, entonces, como en otros conceptos, no hablaríamos de vejez sino de vejeces.

¿Cuándo se es “viejo”? ¿Qué significado tiene? ¿Cómo se vive?

De acuerdo a las diferentes culturas y sociedades, en específicos periodos históricos, la edad en la que se considera que una persona es vieja varía considerablemente y va fácilmente de los 40 a los 80 años. No entraremos aquí en detalles o descripciones específicas dado que no es el punto.

Actualmente en México, se considera que una persona es adulta mayor cuando tiene más de 60 años.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el tercer trimestre de 2022, 18 millones de personas en México tenían 60 años o más, lo que representa el 14% de la población. Para el año 2030, se calcula que el 24.1% será representado por personas de 60 años y más (Conapo, 2023).

Para clasificar a las personas de la tercera edad, se utilizan las siguientes categorías: viejos-viejos: de 75 a 84 años, viejos-longevos: de 85 a 99 años, y centenarios: de 100 años y más.

La filosofa francesa Simone de Beauvoir apuntaba: “El estado del anciano nunca es conquistado por él, mas se le otorga. Y la forma en la cual una sociedad se comporta con sus mayores revela inequívocamente la verdad, a menudo cuidadosamente ocultada, de su código moral y axiológico”.

En diferentes culturas y sociedades, encontramos las que han reverenciado y venerado a los ancianos como sabios, virtuosos, bondadosos. Culturas en las que los ancianos eran respetados y considerados por la sabiduría que los muchos años vividos les otorgaba. Hasta las sociedades en donde el valor de los seres humanos es directamente proporcional al trabajo productivo que aportan, y cuando la edad los vuelve “improductivos”, se convierten en prescindibles, incluso indeseables, toda vez que se coinvierten en una carga con la que hay que lidiar.

Esta última postura coincide con lo que se ha llamado edadismo, término acuñado ya desde 1968 por el médico gerontólogo psiquiatra Robert Butler.

Según la definición de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el edadismo se manifiesta cuando se utiliza la edad para clasificar y dividir a las personas de una manera que causa daño, desventaja o injusticia, y socava la solidaridad intergeneracional (2021).

El edadismo adopta diversas formas a lo largo de la vida. Según la conceptualización de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se revela en tres dimensiones principales: estereotipos (pensamientos), prejuicios (sentimientos) y discriminación (acciones o comportamientos). Estas expresiones pueden dirigirse tanto hacia otras personas como autoinfligirse (2018).

Es así que la vejez se vive de diferentes maneras.

Sin duda, el paso de los años habrá de disminuir las capacidades físicas de las personas. La salud mental puede verse afectada con padecimientos como demencia o Alzheimer. Las enfermedades se incrementan y a medida que pasa el tiempo se suman unas más otras.

La herencia y el tipo de vida influirán en la propensión o no a una mala salud; la capacidad económica y el acceso a servicios de salud mejorarán las expectativas; pero la degradación que culmine con la muerte será para todos.

Sin embargo, la vejez no debe ser entendida como un mero hecho biológico, sino también un hecho existencial y un hecho psicológico y aún más, la interconexión entre los tres aspectos.

Son diversas las condiciones negativas a las que parte de las personas adultas mayores están expuestas.

Algo de lo que nadie quiere hablar es el hecho de que las personas adultas mayores son víctimas de violencias tales como la física incluida la sexual; la psicología, económica y patrimonial, incluido el abandono -la OMS señala que uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos-. Estas violencias son infligidas a menudo por parte de sus propios cuidadores, mayormente por sus hijas o hijos.

También, la exclusión social y la discriminación son otras condiciones padecidas por ellas y ellos de acuerdo con la Conapred. Extraño, cuando menos, que los seres humanos tendamos a excluir y discriminar a nuestros pares, a quienes habremos de sustituir con el paso del tiempo.

Entonces, si nuestro destino biológico es envejecer, a menos que la muerte nos aborde siendo aún jóvenes, ¿por qué la vejez puede entrañar para muchos una degradación que temen? ¿Por qué para muchos jóvenes y adultos la actitud inmediata es negarla, considerándola como algo puesto en otro lado, en otros y no como parte de uno mismo? Porque mayormente es definida por la impotencia, la fealdad y la enfermedad.

Cada quien con su visión de la vejez y la construcción de la propia. Lo más deseable sería que tener la certeza de que hacia allá vamos, resultara en un aumento de empatía por quienes la cursan ahora y más aún, en condiciones de vulnerabilidad. Así también, que resultara en un esfuerzo consciente de generar un trabajo propio para prepararnos para vivirla en cualquier circunstancia, esperando que cuando viejos podamos tratarnos a nosotros mismos con una actitud amable y una mentalidad tolerante.

Cierro con una cita de Beauvoir: “Debemos dejar de hacer trampas: todo el sentido está entredicho en el futuro que nos espera. Si no sabemos lo que vamos a ser mañana o hacemos como que no lo sabemos, no podremos saber lo que somos hoy. La verdad es más cruda y difícil de adoptar que la falsedad, mas ésta no puede traer sino felicidad una vez alcanzada. Reconozcámonos en el viejo que seremos”.

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