Imagen: María Luisa Pérez Perusquía
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Hace (21) meses

La escasez de agua. El destino nos alcanza

Hace algunos días un medio de comunicación estatal publicó información relativa a la respuesta a cuestionamientos al Director de la Comisión de Agua y Alcantarillado de Sistemas Intermunicipales (Caasim) respecto a la publicación de los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi, particularmente y cito la nota: “La Cassim fue ubicada en el Top 10 de inconformidad a nivel nacional según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi, con un 86.6% de usuarios insatisfechos”.

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Hace algunos días un medio de comunicación estatal publicó información relativa a la respuesta a cuestionamientos al Director de la Comisión de Agua y Alcantarillado de Sistemas Intermunicipales (Caasim) respecto a la publicación de los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi, particularmente y cito la nota: “La Cassim fue ubicada en el Top 10 de inconformidad a nivel nacional según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi, con un 86.6% de usuarios insatisfechos”.

De acuerdo con la nota periodística de Veida Miranda en Quadratín Hidalgo, el Titular de la Dependencia habría manifestado que los resultados de la encuesta no le preocupaban “porque las evidencias y el cambio que hemos visto han tenido mucho reconocimiento por parte de la población”.

Del mismo modo, planteó algunos argumentos en torno a las causas de la crisis de falta agua y mal posicionamiento en la ciudadanía de nuestra ciudad capital responsabilizando “a las administraciones pasadas, señalando deficiencias como fugas, equipos fuera de servicio, tuberías obsoletas y falta de mantenimiento.” “La antigüedad de la infraestructura y la falta de inversión fueron factores clave en los problemas actuales”.

Dijo también: “yo creo que, si repiten esta encuesta, va a cambiar mucho el porcentaje porque estamos subiendo en nuestra eficiencia muchos puntos porcentuales a como recibimos el organismo”.

Toda vez que quien habla es el encargado de implementar la política pública en materia de agua en nuestra entidad, vale la pena analizar su dicho y establecer en qué medida estamos o no de acuerdo, qué es lo que nos preocupa de la crisis hídrica que ha entrado a nuestros hogares y espacios de trabajo o convivencia, generando un problema real más allá de la percepción.

Empecemos por describir a la ENSU, esta encuesta nacional del Inegi proporciona estimaciones sobre la percepción de la seguridad pública de la población de 18 años y más en zonas urbanas.

La ENSU incluye un rubro para conocer la percepción sobre el desempeño gubernamental relacionado con los problemas que enfrentan las personas en su ciudad y la efectividad de la autoridad. Esta encuesta levanta información de manera trimestral.

Para lo que nos atañe, el indicador a medir estipula: porcentaje de la población de 18 años y más que durante junio de 2024 identificó fallas y fugas en el suministro de agua potable como una problemática en su ciudad. El resultado, como lo estipuló la nota periodística, es del 86.6 por ciento de las personas encuestadas.

Cabe destacar que los resultados de la misma encuesta para el trimestre anterior medido en marzo de 2024 obtuvieron un porcentaje del 84.4 por ciento, es decir que este aumenta en lugar de disminuir.

Ya sobre el tema específico de la crisis hídrica, considero que nadie podría negar que se trata de un gravísimo problema global, de orden planetario.

Es una crisis con orígenes diversos, que se agudiza con el paso del tiempo y de fuerte componente antropogénico, es decir, causada por la propia acción humana.

A esto, las principales causas de la falta de agua están relacionadas, por una parte, al hecho de que consumimos más agua; la población aumentó y con ella sus necesidades y la complejidad para hacerla accesible a todas y todos. En los últimos 100 años el consumo ha aumentado dramáticamente, además de que consumimos de manera diferente.

Por otra parte, estamos ensuciando el agua. Se estima que hasta un 80 por ciento del agua que ensuciamos la devolvemos a la naturaleza sin tratarla y ahí va la que usamos para el drenaje de nuestros baños y fregaderos, pero también y principalmente, la que usan las grandes industrias.

Otra causa principal de la crisis hídrica es el cambio climático, con el aumento de las temperaturas que incrementan el índice de evaporación de las aguas superficiales haciendo que las reservas duren menos, también los cambios en los patrones de las lluvias que hacen que haya sequías más severas en algunos lugares y tormentas catastróficas en otros y el agua que provoca desastres no se puede aprovechar, más bien contribuye a la erosión. Los bosques juegan un papel muy importante en el ciclo del agua porque regulan el clima, por lo tanto, mitigan el cambio climático, fijan y absorben CO2, conservan la biodiversidad, protegen los suelos y cuencas de agua.

Y específicamente, la pérdida del agua potable ocasionada por las pésimas condiciones del sistema de las redes de distribución que son viejas, carentes de mantenimiento, llenas de fugas.

Esto último es bien conocido, como también que su mejoramiento requiere de una estrategia integral seria que lleva tiempo y es muy costosa y cuya atención no genera incentivos en los gobiernos ya que es una inversión enterrada, es decir, limita el lucimiento.

Los periodos gubernamentales son cortos por lo que, ante un cúmulo de necesidades, los gobiernos han priorizado la atención de aquellas que arrojen algún resultado a corto plazo y que “hagan bulto”.

Para la ciudadanía que sufre la falta del vital líquido no sirve negar el problema, o culpar al pasado, aunque haya fundamento para ello.

No podemos seguir tirando agua, mientras hay personas que sufren las consecuencias terribles de la escasez.

El mantenimiento y reparación de los sistemas para evitar fugas requiere de inversión suficiente porque el tema de la deficiencia de la red de distribución no se soluciona con parches. Aunque no haya primera piedra que colocar ni gran moño para la inauguración, a mediano y largo plazos habrá reconocimiento de la ciudadanía.

Sin demeritar los esfuerzos que seguramente la Caasim ha estado realizando, es tiempo de que la solución de esta problemática, con planeación estratégica y prospectiva, ocupe un lugar central en la política publica de los gobiernos federal, estatal y municipal, en el ámbito de las competencias de cada quien.

El llamado “Día Cero”, fecha en que las reservas de agua no alcanzarán para abastecer a las ciudades- está por alcanzarnos y ya no hay tiempo para soslayar la atención integral de la crisis hídrica. Una parte fundamental es la eficiencia de la infraestructura de suministro.

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