Cuando Yael ingresó al hospital después de un peregrinar de varios meses y diferentes tratamientos fallidos, pensó: “Esto solo puede pasar en las series de televisión”.

Cuando Yael ingresó al hospital después de un peregrinar de varios meses y diferentes tratamientos fallidos, pensó: “Esto solo puede pasar en las series de televisión”.
Yael era ya un experto en el movimiento de hospitales por haber pasado por diversas experiencias que solo le habían provocado, además de una condición de dolor constante, desilusión en desilusión.
El paciente tenía un padecimiento poco común que le había desplazado el fémur de la cadera, lo que le ocasionaba un enorme dolor.
Los primeros tratamientos se los aplicaron en un hospital público en Hidalgo, en donde no solo no lo atendieron adecuadamente, sino que le provocaron lesiones más severas al colocarle clavos en la cadera de manera equivocada, ocasionándole mayor dolor y una inmovilidad que apuntaba a dejarlo postrado en una cama.
Además del dolor físico y el trauma de que quizá ya no pudiera caminar, el paciente se enfrentó a una especialista gandalla que lo trató de lo más culero, diciéndole que ya no podría practicar su deporte favorito, que se olvidara de hacer alguna actividad, y mucho menos dedicarse a la profesión que pensaba elegir en su momento.
¿Es neta?
¿Así son de ojetes los médicos que pueden darle en la madre a un paciente con ese tipo de comentarios crueles y que desilusionan a cualquiera?
¿Qué se hace en esos casos?
¿A quién se recurre cuando la persona en la que confías te dará una explicación sobre tu condición de salud y solo te dice que literalmente ya no vas a servir para nada?
Así, fregado, con un dolor insoportable en la cadera y con las palabras de esa especialista que lo condenaba a permanecer en una cama, este paciente salió del hospital público con una expectativa de vida raquítica y sin mayores esperanzas de mejorar.
Pero no todo puede ser tan trágico y, cuando menos lo esperaba, llegó el mensaje de un hospital que le ofrecía atender su caso y, si resultaba candidato, después de analizar su caso y los tratamientos practicados, quizá podrían ofrecerle una solución a su problema.
El paciente, receloso después de haber pasado una amarguísima experiencia en el hospital público que solo lo dejó más fregado que cuando entró, después de someterlo a dos cirugías fallidas que le practicaron, decidió confiar y ahí fue de nuevo, con toda la actitud y la esperanza, ahora en un hospital que, si bien no es del todo público, atiende de manera gratuita y ofrece toda la atención hasta dejar al paciente en las mejores condiciones posibles .
Total, que el paciente llegó un día y después de una consulta de valoración le practicaron todos los estudios de inmediato, porque, por la situación en la que había salido del otro hospital, era urgente atenderlo.
Vale decir que en este nuevo hospital todo, absolutamente todo, era totalmente diferente.
Los consultorios, laboratorios… vaya, la institución en su conjunto era otro mundo. Como si estuviera en Dinamarca.
El trato era inmejorable, la organización de médicos, enfermeras… todos tenían una misión: atender de diez al paciente.
Lo triste es que los especialistas descubrieron que el paciente había sido víctima de una mala praxis y estuvo a punto de quedar paralítico y quizá, lo igual de doloroso, traumado por los malos tratos de que fue objeto.
El final de la historia es que Yael, que solo tiene 12 años, no tuvo que ir a Dinamarca para recibir una buena atención: fue en el Hospital Shrines donde recibió el mejor tratamiento. Yael se está recuperando y listo para celebrar el Día del Niño.
Espero sus comentarios.