Son 60 días de promesas incumplidas para algunas de las familias que no fueron beneficiadas con los apoyos mencionados una y otra vez por las autoridades federales

Han pasado más de dos meses desde que las lluvias monzónicas azotaron varios municipios de Hidalgo, la naturaleza descargara su furia por ciudades y el torrente arrastrara todo lo que encontró a su paso. En una pequeña vivienda en el centro de Huehuetla, Teresa, una pequeña mujer, da vueltas por una inexistente cocina en busca de algo, lo que sea, para intentar cocinar.
Es solo una de los cientos de víctimas del desbordamiento del río Pantepec que destruyó viviendas y vidas.
Teresa recuerda el 9 de octubre como si fuera ayer.
Son más de 60 días de incertidumbre, de repasar una y otra vez lo ocurrido y tratar de explicarse cómo un río que por años fue sostén de cientos de familias se volvía en su contra para llevarse entre lodo y piedras los sueños de los pobladores de Huehuetla.
Son 60 días de promesas incumplidas para algunas de las familias que no fueron beneficiadas con los apoyos mencionados una y otra vez por las autoridades federales.
A la casa de Teresa el río le quitó su estufa, su refrigerador, una pequeña lavadora que con tanto esfuerzo acababa de pagar, la ropa de sus tres hijos, los documentos, paredes y techo de sus habitaciones y hasta un pequeño bote donde tenía su guardadito para una emergencia.
A unos cuantos metros la historia se repite y los vecinos de la colonia que irónicamente se llama La Nueva se apresuran a contar su tragedia con la esperanza de que si se conocen sus necesidades alguien las escuche y haga algo.
Don Ruperto cuenta que después del 9 de octubre los apoyos llegaron, el Ejército, el gobierno del estado y del municipio y cientos de voluntarios estuvieron a su lado apoyando con despensas, con ropa y hasta la presidenta Sheinbaum acudió a conocer de cerca las afectaciones por las lluvias y la crecida del río.
Pero el tiempo pasó y el ruido incesante de las máquinas tratando de limpiar miles de toneladas de lodo, el ir y venir de vehículos oficiales y los helicópteros llevando apoyos no se escucharon más.
Algunos trascabos quedaron a la entrada de Huehuetla, pero ya nadie los opera; la tierra que por semanas impidió el paso hacia estas comunidades quedó a un lado de los caminos, amenazando con volver a tapar las únicas vías de acceso a esta región tan castigada que, según el Coneval, ya ocupaba el segundo lugar en marginación, mucho antes del paso del temporal, así que a la pobreza extrema que ya padecían los indígenas de esta región se sumaba la destrucción provocada por las lluvias y la creciente del río.
Otro de los rubros con severas afectaciones es el educativo.
En las aulas de la primaria Benito Juárez y la secundaria Caudillo del Sur ya no se escucha más el bullicio de los estudiantes, la escuela guardó silencio como también las notas de la campana que anunciaba el inicio de clases.
Los padres de familia desesperados se atreven a sugerir que se utilicen y acondicionen otros espacios como el auditorio, para que sus hijos reciban clases presenciales, porque según las autoridades, cuando menos en este ciclo, difícilmente los niños volverán a las aulas con lo que ello representa en el retraso escolar.
Y si bien los pobladores reconocen y agradecen los esfuerzos que han hecho las autoridades de Hidalgo para intentar devolver la tranquilidad a los habitantes de Huehuetla, lo cierto es que la efervescencia para ayudar a los vecinos de estos pueblos se apagó y ahora lo que piden los damnificados es que en verdad los escuchen.
Espero sus comentarios.
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