Muchas veces cuando pensamos en deudas nos espantamos o rehuimos de ellas. Pero no es malo endeudarse, de hecho, las economías de países, estados, empresas o individuos lo requieren para poder crecer.

Muchas veces cuando pensamos en deudas nos espantamos o rehuimos de ellas. Pero no es malo endeudarse, de hecho, las economías de países, estados, empresas o individuos lo requieren para poder crecer.
Con lo que hay que tener cuidado es con el uso de estos y hasta qué grado es bueno endeudarse, pero sobre todo existe una deuda que es muy importante cuidar y es la relacionada con las tarjetas de crédito.
La deuda per cápita y el endeudamiento en tarjetas de crédito son indicadores económicos que reflejan las prioridades financieras y los riesgos económicos en distintas economías. Estados Unidos y México son ejemplos contrastantes en este ámbito. Nuestro país vecino del norte, según Gem of Statistics, lidera en deuda de tarjetas de crédito, alcanzando 1.13 trillones de dólares, y la deuda de los hogares representa un 73 por ciento del PIB (The Spectector Index). Este nivel de endeudamiento sugiere dos realidades: una alta capacidad de acceso al crédito, pero también una vulnerabilidad estructural en caso de crisis económica.
Por lo que podemos ver de estas estadísticas, el sistema estadunidense incentiva el consumo a través del crédito, lo que impulsa el crecimiento económico. Sin embargo, cuando las tasas de interés suben, como ha ocurrido recientemente, el costo de mantener esta deuda se dispara. Con tasas en tarjetas de crédito que superan el 20 por ciento, el impacto en los hogares de ingresos medios y bajos es severo, llevando a un aumento en la morosidad.
A nivel macroeconómico, este tipo de endeudamiento puede afectar la estabilidad financiera. Si bien el crédito fomenta la actividad económica, niveles insostenibles de deuda generan riesgos de burbujas financieras, especialmente cuando el consumo supera a los ingresos.
En el caso de nuestro país, el endeudamiento de los hogares es el equivalente al 16 por ciento del PIB, uno de los niveles más bajos entre los países analizados. Según datos del Banco de México, en junio de este año, existía un total de 33.2 millones de tarjetas de crédito para personas físicas y una deuda de 542 mil millones de pesos, por lo que la deuda en tarjetas de crédito no aparece en los niveles globales más altos, reflejando una cultura financiera más conservadora y un acceso al crédito más restringido.
Si bien esto limita los riesgos de una crisis de consumo masivo, también subraya una falta de inclusión financiera. Muchas familias mexicanas no tienen acceso a créditos formales, lo que las obliga a depender de sistemas informales con tasas de interés aún más altas. Esto representa una barrera para el desarrollo económico, ya que limita el emprendimiento y el consumo interno.
Además, el bajo endeudamiento no necesariamente significa estabilidad económica. La falta de acceso al crédito puede limitar las posibilidades de inversión tanto para individuos como para pequeñas empresas, frenando el crecimiento y perpetuando la desigualdad económica.
Estados Unidos y México representan extremos en el manejo de la deuda de los hogares. En un mundo ideal, una economía debería encontrar un balance entre fomentar el acceso al crédito y evitar el sobreendeudamiento. El reto para nuestro país es lograr un mejor y mayor acceso al crédito, pero de forma responsable, asegurando que las tasas sean accesibles y que los hogares no caigan en deudas insostenibles.
Para muchas personas es muy fácil y práctico utilizar las tarjetas de crédito y comprar cosas o pagar servicios, pero hay que tener mucho cuidado, ya que los intereses que cobran las instituciones financieras son muy altos en nuestro país y si no se cubre el total de la deuda se van arrastrando intereses y esa deuda, de ser algo sencillo o práctico, se vuelve una calamidad.
Estamos justo en época de aguinaldos y de efusividad navideña, por lo que no está por demás cuidar el uso de las tarjetas y valorar realmente la capacidad de pago que tenemos.