No a todos les va bien a la mitad del camino y solo basta con hacer una analogía cuando vamos en carretera y vemos fauna silvestre que no lograron el propósito de pasar al otro lado de un camino muy transitado.

José Raquel Badillo
No a todos les va bien a la mitad del camino y solo basta con hacer una analogía cuando vamos en carretera y vemos fauna silvestre que no lograron el propósito de pasar al otro lado de un camino muy transitado.
Por ello a tres años de rendición de cuentas ante la sociedad y ante el poder legislativo, el gobierno que preside Julio Ramón Menchaca Salazar, tiene constancias de grandes logros y también de algunos rezagos, o retos que resultan ineludibles para que estos no se conviertan en los “prietitos del arroz”.
En menos de la mitad del actual sexenio, el estado ha logrado captar inversiones sin precedente. De acuerdo con las cifras oficiales, el monto recibido ya supera lo alcanzado por administraciones anteriores en todo un periodo de seis años, lo que refleja un ritmo histórico en la atracción de capital. Nunca se había invertido tanto en tan poco tiempo.
También el proyecto del tren que unirá a la capital hidalguense con el AIFA y la CDMX representa un importante detonador que habrán de reflejarse de inmediato las bondades traducidas en derramas económicas, empleos y otros inherentes al desarrollo.
Enumerar los alcances del gobierno pudiera ser algo tedioso; por ello, para poner en justo equilibrio, exaltaré dos rubros que engloban la muestra de trabajo y ahincó. Ahora me permito señalar dos cuestiones que no deben sustraerse.
En seguridad pública, aunque Hidalgo se mantiene entre los estados con mejor percepción de confianza, los hechos de alto impacto registrados en los últimos meses recuerdan la vulnerabilidad latente. Fortalecer la inteligencia y la prevención del delito sigue siendo una tarea prioritaria.
El otro rezago es la infraestructura pluvial, superada ya por las lluvias atípicas. Las inundaciones, cada vez más frecuentes, muestran que el sistema de drenaje resulta insuficiente. Colonias y fraccionamientos que nunca habían padecido este problema hoy enfrentan anegaciones que solo la autoridad puede resolver de raíz.
El balance en suma es claro: hay logros históricos que marcan la primera mitad del sexenio, pero también desafíos que no admiten espera.
Dice Rachy.- Va la revocación de mandato.
Desde este espacio advertí en varias ocasiones que llevar a cabo este ejercicio no era la mejor ruta. Entre las razones señalé un contraste evidente: en Sinaloa, donde la sociedad clama por la revocación, la exigencia ciudadana se pierde ante la indiferencia de quienes pueden impulsarla.
En Hidalgo el contexto es distinto. Que en un estado con gobernabilidad se realice este mecanismo democrático puede sonar irrisorio, incluso ofensivo, si se compara con la realidad sinaloense.
El asunto cobra otra dimensión cuando la senadora Carolina Viggiano pide que no se realice el ejercicio, pero con argumentos que resultan endebles. La legisladora priísta, además de ocupar un liderazgo en el CEN de su partido, reconoce de manera implícita su desgaste como oposición.
Su postura carece de sustento jurídico. Si de verdad buscaba cancelar la revocación, su partido y sus legisladores debieron presentar una iniciativa formal. Más que solicitarlo de manera circunstancial, la senadora tenía que haberlo planchado desde la tribuna legislativa.
No es lo mismo que un ciudadano —o disque periodista— minimice la revocación de mandato, a que lo haga una voz con peso político, ¡pero no de manera improvisada ni como mera ocurrencia!
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