Por fin llegó el fin de año. El 2025 fue un año de contrastes, de sinsabores y, sobre todo, de tristezas para cientos de familias que nada tienen que celebrar.

Por fin llegó el fin de año. El 2025 fue un año de contrastes, de sinsabores y, sobre todo, de tristezas para cientos de familias que nada tienen que celebrar.
En este último día del año, al mirar atrás, por más que se quiera tener un balance positivo, nomás no hay para dónde hacerse.
Fue en enero que un paseo en lancha en Metepec se convirtió en tragedia, donde murieron cuatro personas.
El mismo enero la Marina inició la limpieza de la presa Endhó intentando retirar más de 800 hectáreas de lirio y buscando terminar con el mosco culex; lamentablemente pasaron 11 meses y el lirio y el mosco siguen ahí.
Al cumplirse seis años de la explosión del ducto que dejó 137 muertos en Tlahuelilpan, la amarga experiencia parece que no sirvió de nada porque los huachicoleros siguen como si nada, robando combustible, dejando explosiones y fugas de hidrocarburo y nadie puede detenerlos.
La sequía que por cuatro años azotó a Hidalgo dejó incendios, sobre todo en la Sierra en marzo y en abril, mes en que por cierto no hubo sequía económica en Tianguistengo porque el alcalde le organizó tremendo pachangón a su hija con la presentación de El Komander, cantante que, aseguró el orgulloso papá, no le cobró nada; seguro pensó que era Día de los Inocentes.
Fue en mayo cuando la Policía estatal hizo un importante hallazgo al descubrir droga en dulces. Hasta que se ganó una estrellita Cruz Neri. Y otra buena noticia en el mes de la madre: por fin llovió en Hidalgo, aunque nadie se esperaba lo que ocurriría meses después.
Fueron tan intensas las lluvias que en julio dejaron al descubierto que, en Jacala, una comunidad tenía 50 años usando una tirolesa como puente que conectaba comunidades.
Y mientras esto ocurría, un estudiante se hizo famoso por golpear a su profesor en la Universidad de Tulancingo, lo que puso en la mesa el tema de la falta de respeto a los profesores, quienes ahora están en desventaja frente a los estudiantes de la generación de cristal, esos que se rompen a la primera llamada de atención.
Llegó septiembre y las lluvias continuaban a tal grado que fue necesario abrir las compuertas de la presa Zimapán, alertando a municipios incluso de Querétaro.
A 40 años del terremoto del 85, en Pachuca reconocieron a los Topos, esos mineros valientes que arriesgaron su vida para salvar a las víctimas de los derrumbes de edificios en Ciudad de México.
Para octubre las lluvias ya habían causado estragos en varios municipios, pero nada se comparaba con lo que ocurriría la noche del 9, cuando una lluvia atípica azotó a 28 municipios de la entidad y arrasó con pueblos enteros, dejando un saldo de nueve muertos y decenas de damnificados.
A decir de los especialistas, este ha sido el mayor desastre de la historia actual de Hidalgo, del que difícilmente se podrán recuperar las familias que lo perdieron todo.
En noviembre los daños por las lluvias continúan y el descarrilamiento y explosión de un tren en Tepetitlán causó asombro y obligó a las autoridades a investigar por posibles ataques a esta importante vía de comunicación.
Y lo que nos faltaba, ya casi para terminar noviembre, un ataque armado en bar de Tula dejó seis muertos y nuevamente las autoridades se limitaron a decir que habría una investigación exhaustiva y que llegarían hasta sus últimas consecuencias.
Y terminó 2025 con una consulta ciudadana para saber la opinión de la población con relación a la instalación de un Parque de Economía Circular donde se pretendía reciclar residuos, según, para resarcir los daños causados a Tula.
Cabe decirles que los ciudadanos dijeron que no, que muchas pinches gracias.
Así que ahora esperamos un 2026 con incertidumbres, pero con la esperanza de que el año nuevo, ahora sí, sea mejor.
Espero sus comentarios.
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