Este 24 de diciembre a Tlacolula, Joquela y Chapula, comunidades a las que el torrente las borró del mapa, no se puede llegar porque, aunque parezca increíble, aún las lluvias no han cesado, los caminos que ya se habían abierto volvieron a cerrarse…

Pavo, romeritos, bacalao, lomo o pierna de cerdo en salsa de arándanos; de entrada, un fetuccini o espagueti y, para terminar, de postre ensalada de manzana.
Por supuesto que las familias desde temprano ya están preparando estos deliciosos manjares para celebrar Nochebuena y la Navidad.
Así, con la alegría de llegar a estas festividades, los niños esperan con ilusión los regalos que le pidieron a Santa Claus.
Este ha sido un año particularmente difícil, donde Hidalgo ha enfrentado las peores lluvias de los últimos 30 años afectando a cientos de familias que después del temporal de octubre y noviembre se quedaron literalmente con lo que llevaban puesto.
Fue entonces que el gobierno activó un protocolo de ayuda para poder aliviar la difícil situación que enfrentaban pobladores de comunidades que fueron arrasadas por las crecientes de los ríos y en la que murieron 22 personas y más aún permanecen desaparecidas.
Justo en esas comunidades fue necesario establecer puentes aéreos porque hacer llegar víveres hasta estos lugares tan apartados era casi imposible.
Y si bien con una organización impecable de elementos de la Defensa, Fuerza Aérea, Guardia Nacional, policías estatales y municipales y los gobiernos de los tres órdenes, lo cierto es que esta tragedia rebasó todo lo que nunca se pensó que podía pasar y pasó.
Pero ni todos esos apoyos ni la entrega de recursos para la reconstrucción de viviendas pueden minimizar la magnitud de las afectaciones que hasta este día mantienen a cientos de familias fuera de lo que alguna vez fue su hogar.
Frente a lo que quedó de su vivienda estas familias se preguntan con resignación si así en esas condiciones se puede celebrar la Navidad.
Este 24 de diciembre a Tlacolula, Joquela y Chapula, comunidades a las que el torrente las borró del mapa, no se puede llegar porque, aunque parezca increíble, aún las lluvias no han cesado, los caminos que ya se habían abierto volvieron a cerrarse por los derrumbes y como las máquinas que se encargaban de despejarlos ya se fueron, habrá que esperar a que deje de llover, para que los vecinos, con sus recursos, puedan habilitar las vías de acceso.
A Tlacolula, por ejemplo, ya se había organizado una pequeña cena para los pocos pobladores que continúan en el lugar, pero por el temporal fue cancelada la celebración.
Vecinos de otras localidades también devastadas por las lluvias han tenido que emigrar a otros municipios y se están gastando el dinero que les dieron para la reconstrucción en renta de algunos cuartos para sobrevivir en pésimas condiciones.
Para estas familias, la Navidad les llega quizá en el peor momento de su vida, sin casa, algunos alimentándose con las despensas que les han llegado desde diferentes instituciones como el DIF estatal y municipal y las donaciones de la sociedad civil, que como siempre se organizó para apoyar en la emergencia, con ropa que les regalaron, algunos enfermos por estar fuera de sus casas y padeciendo el frío que también ha golpeado a la Sierra y Huasteca.
Neta que, para cientos de familia, esta no será una feliz Navidad. ¡Ni cómo chingados celebrarla con tantas situaciones en contra!
Hoy, debajo de los pocos árboles que se salvaron en estas comunidades tan castigadas, quizá haya una carta para Santa pidiendo que pronto comience la reconstrucción tan anunciada por las autoridades, que haya empleos para estas familias que se quedaron en el desamparo, que se localice a las personas desaparecidas y, si no es mucho pedir, un pequeño regalito para los niños, esos pequeños que con ojos inocentes vieron perder sus espacios de juego y la pelota que perseguían por las canchas de tierra ahora convertidas en lodazales.
Espero sus comentarios.
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