Cuando esta columna aún no hacía honor a su nombre, relatamos un dato curioso. En aquella ocasión y respecto a las comparecencias de funcionarios ante la Cámara de Diputados para la glosa del informe nos preguntábamos sobre el número de músculos que se requieren para levantar el dedo de la mano en señal de aprobación o para emitir un voto a favor o en contra.

Cuando esta columna aún no hacía honor a su nombre, relatamos un dato curioso.
En aquella ocasión y respecto a las comparecencias de funcionarios ante la Cámara de Diputados para la glosa del informe nos preguntábamos sobre el número de músculos que se requieren para levantar el dedo de la mano en señal de aprobación o para emitir un voto a favor o en contra.
En ese entonces referíamos que, para emitir un voto, los legisladores requerían de al menos 12 músculos y eso representaba para algunos un gran esfuerzo, a reserva de todo el proceso mental que se necesita para analizar la posible respuesta.
Y es que, de plano, cuando observábamos el comportamiento de los representantes de los ciudadanos en la cámara, nos preguntábamos cómo es que algunos personajes habían llegado hasta esa curul sin tener el menor conocimiento de lo que estaban haciendo ahí y quizá lo más grave era que eran tan valemadres que consideraban haber obtenido el cargo por méritos propios.
Así fueron pasando legislaturas tras legislaturas y, salvo honrosas excepciones, la gran mayoría pasaba nadando de muertito tres y hasta cuatro años, además de los que se volvían a postular porque, según ellos, el pueblo se los exigía.
Lo cierto es que uno no sabe ya si los anteriores por ser mayoría o los actuales, por la misma razón, pero es un hecho que pocos, muy pocos, saben a qué van.
Y esto viene a cuenta porque en la LXVI Legislatura iniciaron este lunes las comparecencias de los secretarios de las diferentes áreas y al parecer algunos legisladores se pasaron las horas sin poner atención a lo que los secretarios fueron a exponerles y mucho menos fueron capaces de exponer las inquietudes de los ciudadanos a quienes representan, porque no las conocen. En verdad no saben los diputados las preocupaciones de los hidalguenses por el aumento de la inseguridad en algunas regiones, el cobro de derecho de piso con el que los delincuentes amenazan a los comerciantes en las ciudades.
Ni los carniceros ni los taqueros ni los de tiendas de conveniencia: nadie está a salvo de la delincuencia y ni hablar de los ejecutados que ya se dan casi a diario en el estado y que ponen a temblar a los ciudadanos.
Por supuesto que los ciudadanos de a pie exigen que haya una estrategia para garantizar la seguridad en las calles, en sus casas, en sus negocios y sobre todo salir de su casa con la certeza de que regresarán a salvo.
Pero estas son las llamadas de atención de los ciudadanos, porque los diputados parece que ni oyen ni ven lo que ocurre a su alrededor, porque ahora en la comparecencia del secretario de Gobierno no hicieron ningún cuestionamiento y literalmente se quedaron pasmados y como no tuvieron que mover sus 12 músculos para emitir un voto, que en esta ocasión no se requería, pues simplemente se hicieron como que la virgen les hablaba; total, no era necesario y pueden seguir cobrando su dieta sin mayor preocupación.
¡Qué chingones! ¿Y el pueblo que dicen amar? ¡Que se joda!
Ya que hablamos de comparecencias, bien por la secretaria de Turismo que dio respuestas puntuales a las preguntas de algunos diputados que sí fueron a la sesión, otros nada más ocupaban un asiento.
Y discreta, seria, con amplio conocimiento de su tema, la secretaria de Hacienda presentó resultados importantes de su gestión y dejó a muchos legisladores perplejos. Dije perplejos, no pendejos.
Espero sus comentarios.