A cuatro décadas de distancia, que esta fecha tan emblemática para México sea el recordatorio de que, aún con las diferencias particularmente políticas que vemos hoy, seguimos siendo una sola sociedad, un solo himno, una sola bandera y un solo país. Sí, el país que se une para ayudar en la adversidad, sin importar quién seas o cómo pienses.

A las 7:19 de la mañana del jueves 19 de septiembre de 1985 —hace 40 años ya— un sismo de magnitud 8.1 grados en la escala de Richter sacudió a distintas entidades de la República, afectando particularmente al entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
Se dice que, en aquel año, la Ciudad de México era la ciudad o zona metropolitana más poblada del planeta, por lo que una desgracia de semejante magnitud trajo como consecuencia lamentable miles de muertes, particularmente en el Centro Histórico y la zona de Tlatelolco.
El gobierno federal de entonces, encabezado por el presidente Miguel de Madrid, y la regencia de la ciudad, a cargo de Ramón Aguirre, fueron desde luego superados ante la inmensidad de la tragedia: miles de personas enterradas bajo los escombros ocasionados por el colapso de construcciones débiles, construidas con material deficiente y corrupción; evidenciaron dos temas que quedaron para la posteridad: la importancia de la protección civil y la trascendencia de la participación ciudadana.
En los años 80 no existía un Sistema Nacional de Protección Civil como lo tenemos ahora, mucho menos dinero público destinado a la atención de desastres naturales como los terremotos, cuestión indispensable en un país asentado en una de las zonas sísmicas más activas del planeta.
Con esta falta de atención inmediata de los gobiernos de entonces, surgieron, de manera orgánica, dos de los baluartes más preciados que hoy tenemos como sociedad, que es la solidaridad y la participación ciudadana. Miles de personas se comenzaron a organizar para iniciar las labores de urgente rescate de cuerpos y personas, surgieron organizaciones que encabezaron los esfuerzos más simbólicos en esta tarea, como los denominados topos, estos cuerpos de rescate de inicio espontáneos y que después se convirtieron en una brigada de rescate especializada, galardonada en todo el mundo.
A cuatro décadas de distancia, que esta fecha tan emblemática para México sea el recordatorio de que, aún con las diferencias particularmente políticas que vemos hoy, seguimos siendo una sola sociedad, un solo himno, una sola bandera y un solo país. Sí, el país que se une para ayudar en la adversidad, sin importar quién seas o cómo pienses.
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