Habitantes de Jacala cruzan el río Amajac en una tirolesa improvisada desde hace 50 años; tras décadas de abandono, por fin construirán puentes en la zona

Desde hace 50 años, una pequeña comunidad de la Sierra de Hidalgo padece por la creciente del río Amajac, que los mantiene prácticamente incomunicados durante la temporada de lluvias.
Este río, que es una bendición para los agricultores, también es capaz de mostrar su furia, sobre todo para quienes se han atrevido a desafiarlo construyendo muy cerca de los márgenes del caudal.
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Como el incremento de los niveles del Amajac está directamente relacionado con las lluvias, resulta que, en estos últimos años de severa sequía, a nadie le preocupaba el cruce del río, que, de tan bajito su caudal, los habitantes de esta región pasaban caminando o a caballo.
Pero cambiaron los tiempos y las lluvias que han llegado de manera importante a la Sierra provocaron un aumento considerable en el afluente, lo que obligó a los vecinos de diversas comunidades de Jacala a utilizar nuevamente una improvisada tirolesa con una canastilla de palos y metal para cruzar el río.
Las lluvias también dejaron al descubierto las carencias de estas pequeñas comunidades como Vado Hondo, que no tiene servicio médico, escuela secundaria y para esta y otras actividades, como sembrar la tierra, los vecinos necesariamente tienen que cruzar el río arriesgando su vida, montados en una vieja canastilla que ya cumplió medio siglo, pero que, a pesar de los años, sigue dando servicio.
Digamos que no es lo óptimo, pero, como dicen en la Sierra: “Es lo que hay y ni modo, hay que chingarse, es el costo que se paga por ser un pueblo olvidado”.
Pero este olvido no significa que no sean motivo de pugnas entre políticos de cuarta que, por no haber logrado un cargo en el municipio y ahora como suplente de una diputación local, nomás se hacen que la virgen les habla y no quieren apoyar a este municipio que, por cierto, está dentro de la jurisdicción de distrito electoral.
O sea, como no logró destacar para obtener el cargo municipal, esta diputada suplente optó por decir “¡que se chinguen!”, actitud que rectificó el pasado fin de semana cuando más a huevo que de ganas acudió a la zona, que por cierto está megalejos de todo, y pues tuvo que apechugar y apoyar la decisión del gobernador de que se construyan puentes para conectar a estas pequeñas poblaciones de Jacala con el mundo. Faltaba más.
Así que antes de las posadas ya estará trabajando en la región el personal de Obras Públicas para, con la inversión anunciada, ahora sí ponerse a chingarle y no hay más pretextos para mandar los ataúdes a la comunidad de enfrente en la canastilla, para darle cristiana sepultura el difunto que su único pecado fue vivir del otro lado del río.
Y, si bien durante medio siglo, los vecinos de esta zona olvidada de todos, hasta de los políticos que normalmente llegan hasta estas comunidades en busca del voto, pues a esta nomás no llegaron, así que una vez más los habitantes de Vado Hondo, que rezaron por años para que les construyeran un puente, ahora rezan porque los famosos comités de la Contraloría Social y el laboratorio de verificación de la calidad de los materiales que se utilizan en las obras vigilen que sean de buena calidad y no pase como en algunas zonas, donde los materiales son tan chafas que a los cuantos meses de haberlas entregado tienen que volver a rehabilitarlas, porque nomás no funcionan.
Por eso les piden a los integrantes de la Contraloría Social que estén bien atentos para que no se los vayan a chingar con obras de mala calidad, porque si en las ciudades ha ocurrido que algunas obras dejan mucho que desear, imagínense en esas zonas tan alejadas.
Así que, vecinos de Jacala, ¡mucho ojo!
Espero sus comentarios.
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