Imagen: María Luisa Pérez Perusquía
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Hace (13) meses

30 de abril: Jugar es un derecho de las infancias

En tiempos en los cuales las violencias se han incrementado también en nuestras escuelas, violencias que se han diversificado con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, nos toca reconocer que nuestras niñas, niños y adolescentes muchas veces cursan con problemas de falta de control emocional, carencia de habilidades para enfrentar frustraciones, insuficiente desarrollo de habilidades sociales que les permitan comunicar de mejor manera lo que sienten o piensan, resolver conflictos, ser empáticos.

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Esta semana celebramos en México a las niñas y los niños. Particularmente en las escuelas habrá eventos para festejarles que van desde convivios hasta números artísticos en donde muchas veces vemos a las maestras y maestros bailar o actuar para ellos.

Nosotras organizamos el Tlalitón 2025, una colecta de juguetes nuevos o en muy buen estado para hacerlos llegar a los más vulnerables, a quienes no reciben obsequios porque en sus casas hay que asegurar lo básico y comprar un juguete es lo último para lo que alcanzaría.

Las infancias tienen derecho al juego porque en ello —como con la lectura— pueden dejar de ser para vivir otras vidas, otros mundos; ponen en marcha su creatividad para imaginar; cuando lo hacen en grupo también aprenden a relacionarse y convivir. Cierto es que para jugar no es indispensable tener un juguete, pero —sobre todo para quienes menos tienen— un juguete es un bien preciado, algo que les pertenece y les acompaña.

En 1989, Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, por sus siglas en inglés) reconoció la importancia del juego. El artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) expone que: “Los Estados partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes. Los Estados partes respetarán y promoverán el derecho del niño a participar plenamente en la vida cultural y artística y propiciarán oportunidades apropiadas, en condiciones de igualdad, de participar en la vida cultural, artística, recreativa y de esparcimiento” (Unicef).

Desde tiempo atrás, la importancia del juego ha sido reconocida por expertos en el desarrollo infantil, baste citar al psicólogo Jean Piaget, quien enfatizó la importancia del juego precisamente en sus obras relacionadas con la teoría del juego. Lo veía como un elemento central del entorno de aprendizaje del niño (Piaget, 1973).

Es de resaltar que Unicef ha creado espacios seguros para que los niños jueguen incluso en zonas de guerra y campos de refugiados, con pelotas de futbol, cuerdas para saltar y bloques de construcción, por ejemplo; intentando hacer realidad para los niños y niñas su derecho a jugar, el cual es crucial para su desarrollo.

Organizaciones no gubernamentales (ONG), como la canadiense Right to Play —Derecho a Jugar— y la Asociación Internacional del Juego —IPA, por sus siglas en inglés— trabajan para proteger el juego de niñas y niños como un derecho humano básico.

Para nosotras la experiencia de promover y recibir las donaciones restaura nuestra fe en el ser humano. Por fortuna, sí hay personas que encuentran gozo en compartir, a pesar de la condición actual que como sociedad nos transforma en individualistas, preocupados por el bien propio y no por el bien común; la competencia que nos insensibiliza ante el dolor ajeno y nos centra en conseguir más.

Una sociedad que tiende a culpar al pobre y desfavorecido de su propio destino.

Llegar al centro de acopio a donar de la mano de sus pequeños hijos es la mejor lección que un padre o una madre pueden darles. Mostrar, con el ejemplo, que compartir debe ser una práctica de vida que humaniza desde la infancia y sienta las bases para aspirar a una sociedad más empática en el futuro próximo.

En tiempos en los cuales las violencias se han incrementado también en nuestras escuelas, violencias que se han diversificado con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, nos toca reconocer que nuestras niñas, niños y adolescentes muchas veces cursan con problemas de falta de control emocional, carencia de habilidades para enfrentar frustraciones, insuficiente desarrollo de habilidades sociales que les permitan comunicar de mejor manera lo que sienten o piensan, resolver conflictos, ser empáticos.

Estas carencias no se resuelven al crecer, al cumplir años, necesitan ser entendidas y atendidas desde la casa y la escuela.

Un buen comienzo es buscar en el trabajo comunitario y las colectas oportunidades para ejercitar la compasión, la empatía a través del ejercicio consciente del dar a quienes menos tienen.

¡Feliz Día del Niño y de la Niña!

Gracias a quienes con sus donaciones hacen posible un feliz día de la niñez a quienes viven en precariedad.

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