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A criterio deColumnasEduardo Ruiz-Healy

Después de 77 años, el fascismo recupera el poder en Italia


Giorgia Meloni, la próxima primera ministra de Italia, admira a Benito Mussolini, quien fue dictador fascista de Italia y aliado del dictador nazi de Alemania Adolf Hitler.

Hace unos años dijo que “Mussolini fue un buen político. Todo lo que hizo lo hizo por Italia”. Sus palabras recordaron a las que en 2013 pronunció su padrino y aliado político, Silvio Berlusconi, quien así justificó la alianza de Mussolini con Hitler: “Temiendo que el poder alemán se convirtiera en una victoria general, prefirió estar aliado con la Alemania de Hitler en lugar de oponerse a ella”. Luego, al referirse a las leyes raciales promulgadas en 1938 que restringieron los derechos de los judíos italianos y eventualmente permitieron su encarcelamiento y deportación a campos de exterminio nazis, Berlusconi opinó que “son la peor falta de Mussolini, que en tantos otros aspectos hizo el bien”.

Berlusconi y Meloni prefieren ignorar el hecho de que las decisiones de quien fue dictador de 1922 a 1943 causaron cientos de miles de muertos.

El fascismo de Meloni es incuestionable. Empezó su carrera política hace 30 años, cuando tenía 15, al ingresar al Frente de la Juventud (FdG) del Movimiento Social Italiano (MSI), el partido neofascista fundado en 1946 por seguidores de Mussolini que adoptó su nombre y sus principios de la República Social Italiana, el estado títere que Hitler creó en el Norte de Italia en 1943 con Mussolini a su cabeza, después de que en septiembre de ese año éste fuera derrocado por un golpe de estado.

No tardó en convertirse en dirigente del FdG, el cual de acuerdo con lo que escribió hace poco el periodista español Jaime Bordel Gil en el semanario CTXT, “era una organización neofascista que durante los años más duros de violencia política, los conocidos como ‘años del plomo’ [desde finales de la década de 1960 hasta finales de la década de 1980], tuvo multitud de miembros implicados en atentados terroristas de extrema derecha que se cobraron decenas de víctimas mortales”.

En 2012 Meloni fundó el partido Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia) que tiene como lema “Dios, patria y familia”, el mismo que utilizaron los fascistas de Mussolini, y como su logotipo una llama tricolor en verde, blanco y rojo, idéntico al del MSI.

Es cercana a otros políticos de extrema derecha nacionalista como el húngaro Orbán, el estadounidense Bannon, la francesa Le Pen y el español Abascal, y ha expresado su admiración por el ruso Putin.

Así resumió su ideología en un discurso que dio en junio pasado ante los dirigentes de Vox, el partido neofascista español:

“No hay mediaciones posibles: o se dice ‘sí’ o se dice ‘no’. Sí a la familia natural, no a los cabilderos LGBT. Sí a la identidad sexual, no a la ideología de género. Sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte. Sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista. Sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva. Sí al trabajo de nuestros ciudadanos, no a las grandes finanzas internacionales. Sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas. Y sí a nuestra civilización y no a quienes quieren destruirla. ¡Viva la Europa de los patriotas!”.

Palabras de una ultraderechista cuya elección presagia tiempos difíciles para Italia y la Unión Europea.

 

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