Cuando Pachuca sonaba a silbatos y rieles: la ciudad que creció entre trenes, tranvías y mineros

Mucho antes del transporte moderno, Pachuca encontró en el ferrocarril el motor que impulsó su crecimiento económico y urbano

Imagen: Redacción
 
Hace 2 horas
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Imagen: Cuando Pachuca sonaba a silbatos y rieles: la ciudad que creció entre trenes, tranvías y mineros

La memoria del tren sigue viva entre fotografías, edificios y recuerdos familiares/ foto de Redes sociales

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Hubo un tiempo en que salir de Pachuca hacia la Ciudad de México no significaba horas frente al volante ni revisar aplicaciones de tráfico. Bastaba comprar un boleto, esperar el silbato y abordar uno de los trenes que atravesaban la ciudad cuando los rieles marcaban el ritmo de la vida cotidiana.

Mucho antes de que existieran distribuidores viales, transporte masivo o avenidas llenas de automóviles, la Bella Airosa era una ciudad minera y ferroviaria. Una ciudad donde el movimiento tenía otro sonido: el vapor escapando de una locomotora, el golpe metálico de las ruedas y el reloj del andén marcando la hora de salida.

Para muchos pachuqueños mayores, hablar de aquellos años es hablar de una ciudad distinta: más pequeña, más cercana y conectada por una red que hoy parece salida de una postal.

El día que el ferrocarril llegó a cambiar Pachuca

En el último tramo del siglo XIX, el crecimiento de la minería exigía algo más rápido que diligencias y caminos de terracería. En 1883 comenzó una nueva etapa para la ciudad con la inauguración de la estación conocida como El Mexicano, infraestructura que conectó a Pachuca con rutas nacionales y fortaleció el intercambio económico y el desarrollo industrial.

Aquella estación no era sólo un punto de llegada. Era una experiencia.

Muros de cantera, salas de espera, ventanillas de boletos, bancas de madera, pizarras con horarios y trabajadores ferroviarios perfectamente uniformados recibían diariamente a viajeros, comerciantes, mineros y familias enteras.

El viaje hacia la Ciudad de México podía durar entre tres y cuatro horas, dependiendo de condiciones operativas. Pero nadie hablaba de tiempo perdido. El trayecto también era parte del viaje.

El ritual del silbato y el reloj ferroviario

Los relatos de habitantes antiguos describen una escena casi cinematográfica. El checador aparecía con gorra, camisa blanca y chaleco oscuro. En una bolsa llevaba un reloj ferroviario. Revisaba boletos. Indicaba lugares. Y cuando todo estaba listo, levantaba el silbato. Entonces el maquinista respondía. Y el tren arrancaba.

Detrás de cada andén existieron historias de trabajadores, viajeros y familias enteras
Detrás de cada andén existieron historias de trabajadores, viajeros y familias enteras / Foto de redes sociales

Cuando los tranvías recorrían el corazón de Pachuca

Pero la historia del movimiento en Pachuca no terminó con el ferrocarril. A principios del siglo XX apareció algo todavía más inesperado para una ciudad minera mexicana: un sistema de tranvías urbanos sorprendentemente avanzado para su época.

No eran los tranvías grandes que existían en otras ciudades. Pachuca hizo algo distinto. Adoptó tranvías alemanes pequeños y de vía angosta, diseñados para adaptarse a sus calles estrechas.

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Las unidades atravesaban sitios que hoy forman parte del paisaje cotidiano.

Las vías pasaban por:

  • Calle Juárez
  • Xicoténcatl
  • Avenida Hidalgo
  • Plaza Independencia
  • Calle Guerrero
  • Matamoros
  • Parque Constitución

Imaginar un tranvía cruzando frente al centro histórico hoy parece imposible. Pero ocurrió. Por momentos, la ciudad se detenía para verlo pasar.

Los tranvías eléctricos marcaron una etapa adelantada para una ciudad que apostó por tecnología poco común en México/ foto de redes sociales

Pachuca tuvo trenes eléctricos antes que muchas ciudades

Uno de los capítulos menos conocidos es que la ciudad también fue pionera en electrificación ferroviaria ligada a la minería.

En 1906, tras cambios empresariales en el sector minero, comenzó un proceso de modernización que incorporó tecnología alemana. Llegaron locomotoras eléctricas. Se instalaron sistemas de transporte industrial. Y entre Pachuca y Real del Monte operó una ruta ferroviaria con maniobras en zig-zag, considerada un caso poco común dentro de la ingeniería ferroviaria.

Los trenes descendían realizando movimientos invertidos para adaptarse al relieve. Era tecnología de punta. Y estaba aquí. En Hidalgo.

Pachuca llegó a tener tranvías eléctricos cuando pocas ciudades mexicanas apostaban por esa tecnología
Pachuca llegó a tener tranvías eléctricos cuando pocas ciudades mexicanas apostaban por esa tecnología/ foto de redes sociales

Del último silbato al Centro Cultural del Ferrocarril

Con el paso de las décadas llegaron los automóviles. Después los autobuses, luego nuevas rutas. Los tranvías desaparecieron y finalmente los trenes dejaron de operar. La estación dejó de funcionar como terminal ferroviaria en 1996, pero no desapareció.

En 1999 renació como el Centro Cultural del Ferrocarril, convirtiéndose en un espacio donde aún sobreviven andenes, estructuras y memorias de aquella época.

Hoy hay talleres, conciertos, ferias del libro y actividades culturales. Pero quien entra con calma todavía puede imaginarlo.

El reloj.

La sala de espera.

La orden de abordar.

Y el último silbato alejándose entre la neblina de Pachuca.

Porque antes de ser una ciudad de avenidas…

Pachuca fue una ciudad de rieles.

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