Rechazo social y desconfianza institucional: Tula, Tlaxcoapan, Atitalaquia y el proyecto que no pasó la consulta ciudadana

En dos de los tres municipios involucrados se impuso el “no” al parque ecológico y la planta tratadora

Imagen: Luis Godínez
 
Hace (5) meses
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Imagen: Rechazo social y desconfianza institucional: Tula, Tlaxcoapan, Atitalaquia y el proyecto que no pasó la consulta ciudadana

El 13 de diciembre, activistas y pobladores marcharon en Tlaxcoapan para reiterar su rechazo al Parque Ecológico y de Reciclaje

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El domingo 14 de diciembre de 2025, habitantes de Tula de Allende, Tlaxcoapan y Atitalaquia participaron en una consulta ciudadana inédita para la región: decidir si aceptaban la instalación de un parque ecológico y una planta tratadora de residuos sólidos, proyecto impulsado desde el gobierno federal como parte de una estrategia de manejo de desechos; pese a la baja participación, el resultado fue diferente al esperado por las autoridades: el “no” se impuso, por lo menos en dos de los tres municipios.

En Tula, una de las demarcaciones directamente involucradas y la única donde la mayoría de pobladores dijo “sí” al proyecto, también había vertientes para optar por la negativa, la cual no fue producto de la desinformación ni del rechazo automático al reciclaje, sino de una historia acumulada de contaminación, promesas incumplidas y desconfianza hacia las autoridades.

Luego del fracaso de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) por implementar el Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (Podecibi) en los terrenos de la fallida refinería Bicentenario, Criterio Hidalgo recorrió la cabecera municipal de Tula y recabó los testimonios de habitantes con arraigo y conocimiento del territorio.

Entre ellos, Jorge Nieto, ciudadano participante en mesas de diálogo, y el doctor Saúl Basurto Guerrero, ambientalista y exfuncionario público. El encuentro ocurrió en el jardín del municipio, en la zona centro, entre el tránsito cotidiano de comerciantes y transeúntes, de trato directo y discurso firme.

Profesionista en la empresa Petróleos Mexicanos (Pemex) y con toda una vida en esa demarcación, resumió el ánimo que predominó durante la consulta: la población no está dispuesta a seguir cargando con los costos ambientales de proyectos externos.

Aseguró que el principal temor radica en que la planta iba a recibir residuos de otras entidades, pese a lo declarado de manera oficial por parte de la titular de la Semarnat, Alicia Bárcena Ibarra, quien negó la situación.

“Nos hablaron de mil 300 toneladas diarias de basura, de las cuales solo 500 serían de Hidalgo; eso no es creíble porque la historia de Tula está llena de tiraderos que acabaron siendo cerros de basura de otros estados”, advirtió.

Uno de los puntos que más inquietud generó entre los pobladores fue la ubicación propuesta para el proyecto, ya que se instalaría a un costado de un hospital de especialidades, en una región con altos índices de cáncer.

Para el habitante de Tula de Allende, la falta de claridad sobre el destino final de los residuos no reciclables, o si serían incinerados, enterrados o tratados de otra forma, fue determinante para el rechazo.

El reclamo no se limita al proyecto en sí, sino a la credibilidad de las autoridades, aseguró Jorge, quien asistió a dos asambleas, en las que estuvieron presentes el secretario de Gobierno de Hidalgo, Guillermo Olivares Reyna, encargado de socializar en la región, y José Luis Samaniego Leyva, subsecretario de Desarrollo Sostenible y Economía Circular de la Semarnat.

“Sí hay temor de que no se respete la votación, porque ya antes nos dejaron solos cuando más lo necesitábamos”, aseguró en alusión a desastres pasados en la región que, dijo, no fueron atendidos de manera integral e inmediata.

Durante la jornada de la consulta, se registró una baja participación ciudadana
Durante la jornada de la consulta, se registró una baja participación ciudadana

El segundo testimonio es el del doctor Saúl Basurto Guerrero, quien llegó puntual a la cita, con trato amable y un discurso técnico pero accesible.

Desde su experiencia como integrante de la sociedad civil y conocedor del tema ambiental, explicó que el problema no fue la idea del reciclaje, sino la forma en que se presentó el proyecto. “Tula es una de las regiones más contaminadas del país, aquí no se puede improvisar”, señaló.

Incluso, relató que, en las reuniones previas a la consulta, las autoridades reconocieron que no existía un proyecto ejecutivo ni una Manifestación de Impacto Ambiental. “Sin proyecto no hay credibilidad; nos pedían aceptar algo que ni siquiera estaba definido”, afirmó.

Basurto Guerrero aseguró que un proyecto de reciclaje bien planeado puede ser benéfico, pero advirtió que, en este caso, la falta de información alimentó la percepción de que Tula de Allende volvería a ser receptora de los desechos del Valle de México, como ha ocurrido históricamente con las aguas residuales. “Siempre nos han visto como el lugar que debe aceptar lo que otros no quieren, como el patio trasero del Valle de México”, dijo.

Ambos testimonios coincidieron en que otro factor que pesó en la negativa ciudadana en dos de los tres municipios involucrados fue la inexistencia de una Manifestación de Impacto Ambiental, instrumento indispensable para proyectos de esta naturaleza, ya que permite anticipar afectaciones al entorno, a los cuerpos de agua y a la salud de la población.

Durante las mesas informativas previas a la consulta, las autoridades reconocieron que el proyecto aún no contaba con dicho estudio, al no existir un plan ejecutivo definido, lo que, a consideración de Saúl, dejó a la población sin elementos técnicos suficientes para evaluar los alcances reales de la planta y su impacto en una región afectada por la contaminación.

También cuestionó las afirmaciones oficiales sobre el saneamiento del río Tula y la reducción de contaminantes, pues, desde su perspectiva, ese tipo de discursos “insultan la inteligencia” de quienes viven la realidad cotidiana de la región.

Los testimonios de Jorge y Saúl coinciden en un punto central: la negativa ciudadana no fue un rechazo al progreso, sino una exigencia de respeto, información clara y proyectos que no pongan en riesgo la salud ni el entorno.

La consulta dejó en evidencia una fractura entre las autoridades y la población, marcada por años de contaminación y decisiones tomadas sin consenso real.

Las autoridades confirmaron que no se contaba con manifestación de impacto ambiental
Las autoridades confirmaron que no se contaba con manifestación de impacto ambiental

TULA: UN ENTORNO QUE NO DA TREGUA  

Llegar a Tula de Allende implica también enfrentarse a una atmósfera que se percibe antes de entrar a la ciudad, ya que, desde la carretera, el paisaje industrial domina el horizonte: chimeneas, estructuras metálicas y un aire que luce opaco, con tonos grises que se mezclan con el polvo y los vapores que emanan de la actividad contaminante, la cual es constante.

No es raro que el ambiente se sienta pesado, como si costara más trabajo respirar, una sensación cotidiana para quienes habitan la región.

Ya en la zona urbana, el olor se vuelve parte del recorrido; en algunos tramos es un aroma acre, a desecho, que proviene del río Tula y de los canales que arrastran las aguas residuales. En otros momentos se mezcla con el olor químico que desprenden la refinería Miguel Hidalgo y las plantas industriales asentadas en el lugar.

Es un olor que no siempre se nombra, pero que está ahí, acompañando la vida diaria, los comercios abiertos, el tránsito de personas y la rutina de una ciudad que desde hace décadas convive con la contaminación como escenario de fondo.

A pesar del proceso de socialización, los pobladores mantuvieron su postura de rechazo al proyecto federal
A pesar del proceso de socialización, los pobladores mantuvieron su postura de rechazo al proyecto federal

EL TIEMPO Y LA CONTAMINACIÓN EN TULA

De acuerdo con la línea de tiempo ambiental incluida en el proyecto de Modelo de Restauración Ecológica de la Región Tula, elaborado para la Semarnat por el investigador Benjamín Ortiz-Espejel, la contaminación en la zona se arrastra desde hace más de cinco décadas.

El documento establece que el deterioro ambiental se inició en la década de 1970, cuando el río Tula comenzó a recibir de manera permanente aguas residuales del Valle de México; dicha situación se agravó en 1976, con la construcción de la presa Endhó, destinada a contener esas descargas contaminantes.

Durante los años 80 y 90, la expansión industrial, con la llegada de la refinería, la termoeléctrica de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) e industrias cementeras, incrementó las emisiones al aire, la polución del agua y la degradación de los suelos.

El estudio también señala que, pese a distintos intentos de saneamiento en las décadas siguientes, la carga contaminante se mantuvo, y eventos como la inundación ocurrida en septiembre de 2021, por el desbordamiento del río provocado por la apertura del túnel emisor oriente, evidenciaron los efectos acumulados de decisiones tomadas durante muchos años, contexto en el que hoy se plantean nuevos proyectos ambientales que enfrentan la desconfianza social.

En conjunto, los tres municipios encuestados votaron por la negativa para el proyecto federal y, más allá del resultado, la jornada dejó un mensaje claro: sin confianza, sin transparencia y sin escuchar a quienes habitan el territorio, ningún proyecto, por ambicioso que sea, logrará arraigo social.

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