La opulencia de los gobernantes del municipio destaca en una demarcación donde el 88 por ciento de la población vive en condiciones mínimas

La alcaldesa de Xochiatipan, Érika Hernández Ramírez, enfrenta cuestionamientos por los altos salarios de funcionarios en contraste con las necesidades de la población | Fotos: Salomón Hernández
Entre la maleza verde y las casas de lodo que dominan la cabecera municipal de Xochiatipan, tres construcciones rompen de forma abrupta el paisaje de la pobreza. Son viviendas amplias, de varios niveles y con acabados visibles desde lejos.
Pertenecen a dos exalcaldes: Manolo Gutiérrez Hernández y Óscar Bautista Gutiérrez, y a la actual mandataria Érika Hernández Ramírez, todos emanados del Partido Acción Nacional (PAN). En un municipio donde el agua potable no llega a los hogares, estos predios se han convertido en el símbolo más evidente de la desigualdad.
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Xochiatipan es reconocido como uno de los municipios más pobres de Hidalgo y del país. Más del 88 por ciento de su población vive en situación de pobreza, y cerca del 36.7 por ciento, en pobreza extrema, lo que representa aproximadamente 7 mil 110 personas.
Las carencias se repiten en cada comunidad: falta de drenaje, ausencia de agua potable, viviendas con piso de tierra y familias que sobreviven con ingresos mínimos. Aun así, para el PAN, gobernar esta demarcación ha significado a algunos una vida de comodidades.

La actual alcaldesa Érika Hernández Ramírez percibe un salario superior a los 65 mil pesos mensuales. De acuerdo con la nómina del ayuntamiento de Xochiatipan, recibe alrededor de 2 mil 729 pesos en un solo día, cifra que representa más de 10 veces lo que obtiene un jornalero agrícola por una jornada completa de trabajo.
Sus antecesores, también panistas, tuvieron ingresos similares durante sus gestiones. Desde que asumieron el poder, los tres exediles levantaron casas de gran tamaño en la cabecera municipal, mientras que, en las comunidades, la gente sigue cargando cubetas de agua potable desde los veneros.
En Xochiatipan, abrir la llave es un privilegio inexistente. En el poblado principal y en comunidades como Pohuantitla y Cocotla, el acceso al líquido es nulo. Las familias deben caminar diariamente para acarrearlo de manantiales cercanos, una tarea que recae principalmente en mujeres y adultos mayores.
Floriberta Aguilar Hernández relata que todos los días llena sus cubetas porque en su casa no hay servicio. Señala que así han vivido desde hace tiempo, sin que nadie les ofrezca una solución.
El problema se agravó tras el paso de la vaguada monzónica. Desde entonces, el sistema que abastece a Xóchitl, Tecopia, Ohuatipa, Cruzhica, Tlaltecatla y a la propia cabecera municipal permanece inoperante. El colapso hídrico dejó a miles de personas dependiendo únicamente de fuentes naturales, sin que, hasta ahora, exista una solución de fondo.
Mientras tanto, la alcaldesa de Xochiatipan ha reconocido que favorece a un exedil con la contratación de maquinaria pesada, bajo el argumento de que no existen muchas opciones para rentar este tipo de equipo en la región. Sus palabras han generado molestia entre los habitantes, quienes cuestionan que sí haya recursos para beneficiar a exfuncionarios, pero no para garantizar un servicio básico como el agua.

Personas de Xochiatipan señalan que, cuando acuden a solicitar apoyos, la respuesta recurrente es que “no hay dinero”. La frase se repite en un contexto donde la presidenta municipal percibe uno de los salarios más altos de la Huasteca en contraste con el nivel de pobreza de la población que gobierna.
De acuerdo con datos oficiales, el 97.8 por ciento de las viviendas carecen de servicios básicos y la falta de acceso a la alimentación afecta al 58.3 por ciento de la población.
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El contraste también se refleja en el valor de las propiedades. Según un avalúo realizado por arquitectos, una de las viviendas tiene una superficie construida de 315 metros cuadrados, con acabados como pisos de calidad, ventanas de aluminio, puertas modernas de herrería, iluminación residencial y recubrimientos en muros.
El costo estimado de construcción es de 7 millones 500 mil pesos. A esto se suma un terreno irregular de 800 metros cuadrados, valuado en aproximadamente 2 millones 400 mil pesos. En conjunto, el valor total de la propiedad ronda los 9 millones 900 mil pesos; es decir, casi 10 millones.
Para dimensionar la desigualdad, con un salario mínimo diario de 315 pesos, una persona que lograra ahorrar el 100 por ciento de su ingreso, sin comer, ni comprar ropa ni pagar servicios, tardaría aproximadamente 87 años en reunir una cantidad similar. El ingreso mensual estimado bajo este escenario sería de 9 mil 450 pesos.
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En Xochiatipan, la pobreza no es una estadística. Es cotidiana. Se ve en las cubetas alineadas frente a las casas, en los caminos de tierra y en las viviendas de lodo. Frente a esa realidad, las residencias de quienes han gobernado el municipio se alzan como una pregunta incómoda que sigue sin respuesta: “¿quiénes son los nuevos ricos?”.
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