El desplazamiento de miles de personas hacia el norte en busca de mejores oportunidades laborales se ha convertido en una estrategia de supervivencia ante la falta de empleo

Autobuses de Huejutla salen diariamente hacia el norte, llevando a cientos de migrantes en busca de trabajo en Monterrey, Guadalajara y otros destinos | Foto: Salomón Hernández
La falta de oportunidades laborales en Huejutla y municipios de la Huasteca continúa empujando a decenas de personas a migrar hacia el norte del país en busca de mejores ingresos, aunque esto implique riesgos, separación familiar e incertidumbre.
Roberto Hernández es uno de ellos. Relató que su patrón dejó de darle trabajo eventual en la construcción, por lo que se vio obligado a buscar alternativas. Así fue como encontró anuncios en radio local en los que empresas reclutan jornaleros agrícolas para trabajar en estados como Sinaloa.
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Historias similares se repiten entre familias de la región. Doña María, quien vende zacahuil en Huejutla, cuenta que su primo Raúl partió hace tres meses hacia los campos agrícolas de Sinaloa. Desde entonces han perdido contacto frecuente y la familia no cuenta con recursos para ir a buscarlo en caso de una emergencia.
Estos testimonios reflejan una realidad que, aunque cotidiana, pocas veces queda documentada. De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Población (Conapo) y el Censo de Población y Vivienda 2020 del Inegi, entre 2015 y 2020, 84 mil 358 hidalguenses migraron a otros estados, de los cuales 9 mil 794 se dirigieron a Nuevo León, considerado uno de los principales destinos por su actividad industrial y agrícola.

Esta situación impacta directamente a los municipios de la Huasteca, como Huejutla, donde jóvenes y adultos optan por salir de sus lugares de origen ante la falta de empleos formales.
En Huejutla, diariamente alrededor de las 19:00 horas salen cerca de 15 autobuses foráneos. De estos, al menos 11 tienen como destino Monterrey, mientras que otros viajan hacia Guadalajara. A estos se suman unidades contratadas por enganchadores de jornaleros, que no siempre son visibles.
Al menos ocho contratistas se dan a conocer en estaciones de radio ofreciendo sueldos de hasta 300 pesos por jornada, pagos extras de 20 pesos por hora adicional, entre dos y tres comidas diarias, un kilo de tortillas y un “enganche” de mil pesos. Los anuncios suelen ser persuasivos: “Vámonos, vámonos a trabajar al corte”, se escucha en los promocionales.
Los contratos suelen ser por tres meses para hombres y mujeres de entre 18 y 55 años. Algunas empresas prometen seguro médico y hospedaje. Los cultivos más comunes donde laboran son jitomate, chile y pepino.
La migración no sólo ocurre hacia el campo. Estudios sociológicos de universidades del norte del país señalan que mujeres indígenas de la Huasteca también migran hacia ciudades como Monterrey para emplearse en el trabajo doméstico, principalmente en zonas de alto poder adquisitivo.
De acuerdo con investigaciones académicas, en Nuevo León residen poco más de 3 mil hidalguenses dedicadas al trabajo del hogar, aunque no se cuenta con cifras específicas sobre cuántas provienen directamente de la Huasteca.
En el ámbito educativo, docentes de universidades como la Tecnológica de la Huasteca Hidalguense (UTHH) y la Politécnica de Huejutla estiman que cerca del 40 por ciento de los egresados buscan empleo fuera de la región, principalmente en Monterrey y Guadalajara, ante la falta de opciones profesionales locales.
Mientras Hidalgo recibe población proveniente de Estado de México y Ciudad de México atraída por el costo de la vivienda, esta región pierde habitantes que encuentran en las remesas el principal vínculo económico con sus comunidades.

Sin embargo, migrar también implica riesgos. En los últimos años se han registrado incidentes como el asesinato de albañiles originarios de Xochiatipan, las condiciones de explotación y abuso laboral en campos agrícolas de Jalisco, accidentes carreteros cuyas víctimas son gente originaria de Huejutla que busca trabajo y casos de desapariciones durante los traslados, como fue en el caso de Jaltocán.
A pesar de ello, la necesidad económica continúa siendo el principal motor de la migración. Para muchas familias huastecas, salir de su tierra no es una opción, sino una estrategia de supervivencia ante la falta de empleo local.
Detrás de cada autobús que sale de Huejutla y parte al norte no solo viajan trabajadores, también lo hacen historias de esperanza, necesidad y el anhelo de algún día no tener que migrar para poder vivir.
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