Según Efrén Fayad, integrante del Consejo de la Crónica de Huejutla, esta estructura, esencial en la celebración del Mijkailuitl o Fiesta de los Muertos, permite la comunicación entre las almas del más allá y el mundo de los vivos

El altar huasteco es esencial en la celebración del Día de Muertos
Foto: Salomón Hernández
En la cosmovisión tenek, el altar huasteco, formado por una mesa y un arco de flores, representa la unión de los tres planos del universo: el cielo, la tierra y el inframundo. Según Efrén Fayad, integrante del Consejo de la Crónica de Huejutla, esta estructura, esencial en la celebración del Mijkailuitl o Fiesta de los Muertos, permite la comunicación entre las almas del más allá y el mundo de los vivos, en una tradición que refleja el profundo vínculo del pueblo huasteco con los ciclos agrícolas y la tierra.
Fayad explicó que la superficie de la mesa simboliza el plano terrestre, mientras que el espacio entre las patas representa el inframundo, cubierto por un mantel que oculta lo invisible.
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El arco de flores, colocado sobre la mesa, corresponde al plano celeste, donde habitan las divinidades y los santos. De esta manera, el altar huasteco funciona como un portal que conecta los tres niveles cósmicos y posibilita el retorno de las ánimas durante las festividades de los muertos.

Por su parte, Luz Alfa Vargas, integrante del Consejo de la Crónica e investigadora de las tradiciones huastecas, señala que los arcos —ya sea redondos o cuadrados— tienen un sentido teogónico: son portales entre el tlalocankalli, morada de Tláloc, y el mundo terrenal.
En municipios como Xochiatipan, Yahualica, Ilamatlán, Huayacotla y Zontecomatlán, el altar huasteco adopta formas cuadradas, decoradas con rombos, símbolos que evocan el universo o las huellas del jaguar, animal sagrado para los antiguos huastecos.
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El jaguar o tigrillo, agrega Vargas, es el guía de las almas hacia el tlakankalli, lugar de descanso espiritual. Este símbolo, aún presente en danzas tradicionales, como las de Huitzitzilingo, Orizatlán, conserva el significado ancestral de equilibrio entre los planos cósmicos y reafirma la continuidad de una cultura que encuentra en sus altares una puerta hacia el origen y la memoria.
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