Huejutla registra sensaciones térmicas que superan los 45 grados centígrados; algunos de sus pobladores pueden pagar clima y refrigeración, pero el grueso de la población no

Hasta 50 grados centígrados, la temperatura máxima registrada en la Huasteca hidalguense | Foto: Especial
Pasan de las 14:00 horas en Terrero, a seis kilómetros de Huejutla, y Esperanza ya no puede estar adentro de su casa. La habitación de lámina acumula calor desde las 10:00, “como una olla que nadie apaga”.
El termómetro marca 35 grados afuera; adentro, la sensación llega a 44. No hay ventilador. Lo que tiene es un trapo mojado colgado en el marco de la ventana.
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“Le pedí a mi esposo que compráramos aunque sea un abanico, pero con lo del campo apenas alcanza para comer”, dice mientras acomoda el trapo.
Huejutla es el punto más caluroso del estado de Hidalgo, con sensaciones térmicas que alcanzan los 40 grados hacia las 15:00 horas. En la zona centro, con pavimento y sin arbolado suficiente, esa cifra se dispara.
La Huasteca ha registrado temperaturas de hasta 50 grados centígrados. A unos metros de Esperanza, su esposo trabaja la milpa desde las 5:00 de la madrugada. A mediodía regresa. “El maíz no entiende de calor. Pero uno sí entiende cuando el cuerpo ya no aguanta más”.
En la cabecera municipal, Erasmo Hernández, vendedor de nieves en Huejutla, sale con su carrito por las mañanas, cerca de las 9:00 horas, justo cuando el calor se vuelve insoportable. Camina bajo el sol las mismas horas que sus clientes huyen de lo quemante del astro rey.
“El calor es mi patrón. Cuando hace más calor, vendo más. El problema es que yo también estoy en el calor”, señala.
Una vez se desmayó empujando el carrito. Él, que vende frío, se deshidrató en plena calle.
Por su parte, en la colonia Aviación Civil de Huejutla, José Luis Romero instaló un aire acondicionado el mes pasado. Lo compró a crédito luego de que su madre terminó en urgencias por insolación. “No era lujo, era necesidad”, dijo,
Pero esa decisión tiene un costo colectivo. El aumento en el uso de ventiladores y aires acondicionados provoca una sobrecarga en la red eléctrica que deriva en apagones y fallas constantes.

Las variaciones de voltaje se han vuelto la queja cotidiana; el personal de la CFE está desbordado ante la creciente demanda y no cuenta con recursos suficientes. Los cortes prolongados provocan daños en aparatos eléctricos y pérdidas para negocios que dependen de refrigeración.
La paradoja se cierra sola: quien tiene dinero para comprar frío sobrecarga la red. Quien no tiene dinero se queda sin luz, encima de quedarse sin frío.
Esperanza no tiene refrigerador ni aparatos que perder en un apagón. Eso también es desigualdad. Su bebé duerme en el suelo, que es el lugar más fresco.
Los perros echados. Las gallinas quietas, la Huasteca hierve, no hay frente frío en el pronóstico. No hay ventilador en camino hacia Terrero. “Aquí nos tocó vivir”, dice la mujer que prefiere guardar sus apellidos.
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