Descubre cómo en Chililico se celebra el Xantolo con rituales, danzas y deliciosos sabores que rinden homenaje a los ausentes

En Chililico, las familias preparan ofrendas, danzas y tradiciones que mantienen viva la esencia de sus seres queridos
En la región de la Huasteca hidalguense, el Xantolo es mucho más que una festividad. Es un tiempo de reencuentro, de rituales ancestrales y de amor profundo por quienes han partido.
En Chililico, a unos minutos de Huejutla de Reyes, las familias se preparan desde finales de octubre para honrar a sus difuntos en una ceremonia llena de simbolismo y detalles.
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Al llegar, doña Verónica nos recibe en su tienda de artesanías de barro, muchas de ellas presentes en los altares de esta temporada. Con su familia, ha creado un altar lleno de ofrendas y recuerdos, donde cada detalle honra las preferencias de sus seres queridos.
La comunidad se une para elaborar los tradicionales arcos de flores y mantener viva la esencia de sus costumbres, mientras generaciones continúan pintando a mano las artesanías que simbolizan la identidad huasteca.

En el Xantolo, las cuadrillas de bailarines también forman parte esencial de esta celebración. Con trajes coloridos y elaborados, desde el 29 de septiembre los jóvenes, niños y adultos de la comunidad participan en danzas tradicionales que culminan el 3 de noviembre, en el esperado Destape, un recorrido vibrante que lleva la alegría de la festividad a cada rincón de Chililico.
El pan, otro de los protagonistas del Xantolo, es horneado con esmero por familias como la de los hermanos Salguero, quienes llevan 80 años siguiendo las recetas heredadas de su abuela. Su tortita mestiza, un pan de dos tonos hecho sin azúcar y acompañado de chocolate, es una pieza fundamental en los altares y mesas familiares.

El 2 de noviembre, los panteones de Huejutla se llenan del color naranja de la flor de cempasúchil y de la música de tríos huastecos y bandas de viento, en una armonía que honra a los ausentes. La hospitalidad de los habitantes se refleja en el compartir de panes, tamales y bebidas a quienes visitan las tumbas, simbolizando el lazo eterno con sus seres queridos.
La fiesta no culmina el 2 de noviembre; en la Huasteca, las almas permanecen hasta el 30 del mes, y las ofrendas siguen contando historias y alimentando recuerdos. Con esta profunda devoción, Chililico y sus familias celebran el orgullo de ser huastecos, preservando tradiciones que van más allá del tiempo.
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