Los policías de Investigación Vicente Monroy Ballesteros, de 60 años, y Paulino Castañeda Aguilar, de 53, fueron agredidos por personas que les provocaron la muerte

Las saciones del secuestro agravado de dos agentes en La Loma puede ser mayor por que las víctimas eran servidores públicos |
Foto: Juan Martínez
Los policías que fueron asesinados recientemente acudieron a realizar una diligencia el sábado, como tantas otras ocasiones, con la precaución que implica su labor, pero sin imaginar que cumplir con su deber les costaría la vida.
Al poniente de Pachuca, en la localidad La Loma, sobre la calle Rayo de Luz, en un inmueble de portón negro, en cuya fachada se observa un letrero que dice Capilla del Angelito Negro, los policías de Investigación Vicente Monroy Ballesteros, de 60 años, y Paulino Castañeda Aguilar, de 53, fueron agredidos por personas que les provocaron la muerte.
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Monroy Ballesteros fue el primero en perder la vida, el domingo, derivado de las agresiones de las que fue víctima dentro del inmueble de la Loma; posteriormente, alrededor de las 13:20 horas de este lunes, se confirmó la muerte de su compañero Paulino.
Previamente, por la mañana, su hermano José Antonio Castañeda se presentó en plaza Juárez, de Pachuca, durante la conmemoración del Lunes Cívico, que encabezaron autoridades estatales, para visibilizar el caso de su familiar.
En dicha explanada, José Antonio denunció negligencia por parte de la comandante Patricia Moya Domínguez, jefa directa de ambos policías, adscrita al Centro de Justicia para Mujeres del Estado de Hidalgo, ya que no notificó sobre la ausencia de los servidores públicos.
El familiar de Paulino expresó que hasta ese momento se mantenía en terapia intensiva y en estado crítico, por lo que sus consanguíneos exigían la destitución de Moya Domínguez.
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Posteriormente, José Antonio se trasladó a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH), donde se reunió con el encargado de esta institución, Francisco Fernández Hasbun, a quien pidió “tomar cartas en el asunto” y destituir a Moya Domínguez.
De igual manera, el consanguíneo de la víctima lamentó que el estado de salud de Paulino fuera crítico, pues incluso los médicos le anticiparon que solamente tenía 5 por ciento de posibilidades de sobrevivir; sin embargo, aún conservaba la esperanza.

Fue José Antonio quién confirmó el deceso de su hermano, mediante una breve llamada telefónica con Criterio, sin dar detalles, pues se escuchaba profundamente afectado.
Antes de conocer la muerte de Paulino, su hermano acusó que Patricia Moya Domínguez no reportó su desaparición ni la del otro agente e, incluso, no solicitó su búsqueda, mientras que, el domingo, policías estatales los rescataron. Vicente fue rescatado sin vida y Paulino estaba grave, a causa de lesiones provocadas durante la agresión.
El domingo, la procuraduría estatal dio a conocer la detención de cuatro personas: tres hombres y una mujer, presuntos autores de la agresión contra los agentes.
El sábado, los policías de Investigación acudieron a La Loma para notificar sobre una orden de restricción hacia un individuo que agredió a su esposa; sin embargo, se encontraron con un ambiente hostil que les quitó la vida.
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