Así concluyó la primera jornada en Pachuca, apenas el inicio de un Mundial histórico que se extenderá por 39 días y contará con 104 encuentros
El reloj monumental fue testigo de un contraste puramente mexicano: mientras de un lado se bailaba al ritmo del debut mundialista, del otro se marchaba por la dignidad laboral. Así se vivió el día uno de la Copa del Mundo en la capital hidalguense.
Desde muy temprano, la gente salía de sus casas rumbo al trabajo o la escuela; daba igual si era la playera verde, la blanca o cualquier prenda que hiciera alusión a la Selección.
Al llegar al centro, en la Plaza Independencia, la empresa Coca-Cola instaló una activación que congregó a decenas de pachuqueños, quienes hacían fila pacientemente bajo el sol de la mañana para vivir la experiencia del futbol.
El ambiente era de fiesta pura: un Dr. Simi bailaba animadamente con la playera tricolor, mientras el organillero del centro musicalizaba el momento, también uniformado para la ocasión.
Destacó un grupo de extranjeros —misioneros religiosos de Inglaterra, Alemania y otros países— que, con las playeras de sus naciones, compartían versículos en cartulinas fosforescentes mientras jugaban al futbol con los locales.
Un claro recordatorio de que este deporte une incluso los contextos más improbables.
Al caminar por la calle Guerrero, la marea de camisetas no cesaba; el tono de fiesta era innegable.
Sin embargo, la realidad social del país nunca se detiene. A las 10 de la mañana, la Plaza Independencia parecía estar dividida por un muro invisible.
Mientras la música y el baile mundialista ocupaban un sector, el eco de las consignas políticas comenzó a inundar el otro.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) inició una marcha desde la Secundaria General 1 que culminó justamente a los pies del Reloj Monumental. Los maestros se movilizaron pacíficamente exigiendo una jubilación digna y la abrogación de la Ley ISSSTE de 2007.
El contraste era absoluto: de un lado se celebraba el presente juego; del otro, se luchaba por el futuro.
A las 11:00 de la mañana, en los mercados locales, los comerciantes encendieron las televisiones para no perderse la ceremonia de inauguración. Las voces de Shakira, Belinda y Maná resonaron en los pasillos de los comercios antes de que retumbara el Himno Nacional Mexicano, en voz de Alejandro Fernández, silenciando por un instante a compradores y vendedores.
Para la 1:00 de la tarde, la hora del pitido inicial, las calles de Pachuca se quedaron desoladas. La vida pública se paralizó. La gente se atrincheró donde pudo: oficinas, escuelas, talleres y hogares se convirtieron en tribunas improvisadas.
La tensión se transformó en euforia colectiva cuando la Selección Mexicana selló un contundente 2-0 contra la selección de Sudáfrica.
Los gritos de gol retumbaron desde las ventanas de los centros de trabajo y las casas y algunas escuelas.
Con el silbatazo final, la gente volvió a salir a las calles a celebrar el primer triunfo del Tri.
Así concluyó la primera jornada en Pachuca, apenas el inicio de un Mundial histórico que se extenderá por 39 días y contará con 104 encuentros.
El balón ya rueda, la ciudad ya vibra, y esto es solo el principio.
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