En la mayoría de los casos, sus parejas superaban los 18 años; algunos les duplicaban o triplicaban la edad, según datos de la Ssa

Al existir una diferencia significativa de edad con los padres de sus hijos, dichas infancias son víctimas de violencias mayores, señala activista
En 2024, en Hidalgo, mil 512 menores de edad se convirtieron en mamás, de las cuales 351 tenían entre 13 y 15 años, según los datos abiertos del registro de nacimientos 2024 de la Secretaría de Salud federal (Ssa).
De acuerdo con dicha información, en al menos el 66.8 por ciento de dichos embarazos, el padre era mayor de edad, pues mil 10 fueron reconocidos como mayores de 18 años, mientras que 68 se reportaron con edad desconocida.
Te puede interesar: Persisten retos en los acompañamientos en abortos: Di Ramona
En ese sentido, la activista y directora de la asociación civil Yo Te Creo, Ingrid Guerrero, señaló que la maternidad forzada en niñas y adolescentes no solo termina en la crianza que ejercerán y el cambio en su proyecto de vida, sino que al existir una diferencia significativa de edad con los padres de sus hijos, dichas infancias son víctimas de violencias mayores.
“Terminan siendo esclavas, al servicio doméstico de estos pederastas y violadores, y además, terminan al cuidado de la familia de sus violentadores o de otras niñeces en esta vulneración de derechos humanos”, explicó.
Como ejemplo de lo anterior, los datos abiertos de la Ssa de 2024, muestran que uno de los casos en los que se dio una mayor diferencia de edades entre ambos padres, fue el de una menor de 14 años y un hombre de 58 de edad, es decir, una diferencia de 44 años de edad.
Además, en 67 de los casos, los progenitores duplicaron la edad de las menores que se convirtieron en madre el año pasado. Dos, se trataron de niñas de 13 años con hombres de 30.
Por lo anterior, Ingrid Guerrero indicó que existe un abandono estatal, sin estrategias congruentes y de acompañamiento a las familias para que estas “puedan tener herramientas de crianza para acompañar la sexualidad”, no solo desde una perspectiva de prevención sino también de atención a las violencias que sufren las infancias.

“Al Estado le encanta esto de las campañas de prevención, y las campañas de prevención son decirle a las familias y decirle a las niñeces que eviten las cosas, sobre todo las niñeces. ‘Di que no’, ‘evítalos’. ¿Y cómo las niñeces lo van a evitar? ¿Con qué recursos? ¿Con qué herramientas? Las niñeces no deberían de estar evitando absolutamente nada”, expuso.
Además, la activista señaló la presencia de usos y costumbres en muchas zonas del estado, donde “se siguen instrumentando los cuerpos de las niñas”, sin que dichos casos logren darse a conocer y, en consecuencia, atenderse.
Te puede interesar: ¡No te pierdas la Feria de la Salud Sexual en Pachuca!
Mencionó que en el caso de las estadísticas, pese a que autoridades de Salud en la entidad señalan que existe una disminución, dicha información no puede ser totalmente confiable, pues puede dejar fuera a muchos casos que no están al alcance de dichas encuestas.
“El problema de los embarazos y las maternidades forzadas en niñez es un problema social, de violencia sexual y es una cara muy clara y muy contundente del abandono estatal en el que estamos y de la vulneración de derechos que proviene del Estado, del silencio de las autoridades y de la indiferencia de las instituciones”, indicó.
¡Recibe las noticias al momento en tu Whatsapp! Únete a nuestro Canal: https://bit.ly/3S0OztH