Existen malas prácticas en el sector, en el que, tras un deceso, están coludidos los primeros respondientes
En octubre del año pasado, en La Calera, Mineral de la Reforma, Victoria López recibió la noticia del fallecimiento de su hermana Monserrat; sin embargo, aunado a la pena por la pérdida de su familiar, se sumó un sentimiento de impotencia, desesperación y enojo por el mal trato recibido por la Funeraria Elizalde.
Tras el deceso de Monserrat y el aviso a las autoridades, una patrulla llegó al lugar. Por protocolo, iniciaron la investigación por feminicidio, pues los agentes dedujeron que habían pasado varias horas de la muerte.
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Posteriormente, y por la situación del deceso, el cuerpo fue trasladado al Servicio Médico Forense (Semefo) de Pachuca, lugar al que Victoria, su cuñado y demás familiares acudieron para dar su declaración.
De la nada, arribó un promotor de Funeraria Elizalde, quien ofreció a la familia un paquete de ataúd, embalsamamiento y velación con inhumación por 12 mil pesos, el mismo que aceptaron. El viacrucis apenas comenzaba.
Aún no terminaban con la rendición de declaraciones cuando el promotor funerario comenzó una serie de llamadas en las que urgía la entrega del cuerpo y dinero.
Victoria narró que, durante la madrugada, tras varias horas en el Ministerio Público, las autoridades entregaron el cuerpo y ellos, a su vez, a la funeraria.
El promotor, cuyo nombre no está especificado en el contrato, dijo a la familia que, debido al tiempo que había transcurrido en el anfiteatro, necesitaba proceso químico para garantizar el buen estado del cuerpo; eso costaría más. Victoria no lo tenía.
En la primera llamada solicitó 8 mil pesos, recurso con el que no contaba la familia; la negociación continuó y, llamada tras llamada, pasó de 6 mil pesos a 4 mil 500 y terminó en mil 800 pesos más el costo antes pactado. Victoria recuerda que, en ese momento, sintió desesperación, enojo y frustración por la falta de dinero para concluir el proceso, aunado a la preocupación y tristeza por la partida de su hermana.

Una nueva llamada tensó la situación: una mujer, quien dijo ser la dueña del lugar, mediante presiones e insultos exigió el monto, pues argumentó que el cuerpo de Monserrat “comenzaría a pudrirse, que olía mal”.
La familia de Victoria acudió a la funeraria ubicada en la colonia Ciudad de los Niños, junto al Hospital General de Pachuca, donde la discusión escaló, hubo insultos y más malos tratos; el cuerpo de su hermana ya había ingresado a un laboratorio para ser tratado con químicos, eran las 11:00 horas. Acordaron entregar el cuerpo para hacer un velorio breve, de solo una hora.
“Nunca imaginé que la despedida de mi hermana se haría así, me dijeron que no podría ponerle ropa, que la envolverían en plástico y la llevarían a mi casa y ahí la dejarían. ¿Dónde estuvo mi hermana toda a noche despúes de que se la llevaron?”
A cinco meses del deceso de Monserrat, su familia se pregunta cómo es que el promotor funerario se enteró del fallecimiento; esta situación se repite una y otra vez. Tras la muerte de una persona, trabajadores de distintas funerarias acuden a los hogares, hospitales, ministerios públicos o sitios de accidentes a ofrecer sus servicios, cuando la tristeza apenas empieza, con el shock de la noticia empieza su labor de venta.
A este método se le conoce como “zopiloteo”, un trato entre los primeros respondientes, ya sea paramédicos, policías, agentes del Ministerio Público, médicos, entre otros, que dan el “pitazo” a las funerarias sobre alguna muerte.
Un hombre que recién se retiró del sector aceptó hablar con Criterio; señala que el “zopiloteo” es solo una parte de todo el negocio que permanece en la oscuridad.
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Reconoció que, por la competencia, hay malas prácticas entre sus compañeros de negocio: “El paquete tiene un costo y, como promotor, lo que puedas sacar extra, ya es para ti; por eso suben los precios, y sale peor”.
Reveló que, muchas veces, la presión que ejercen sobre los deudos para la preparación de los cuerpos es para poder sacar más dinero, pues tras la muerte tiene hasta 12 horas antes de que comience la descomposición, tiempo en el que las familias podrían decidir tranquilamente sobre el servicio.
-¿Hay posibilidad de que los cuerpos se vayan sin los procesos que se pagaron?
-Sí –Responde el entrevistado y agrega– lo que pagamos en las funerarias es por las buenas prácticas. No son todas, solo que algunos compañeros trabajan muy mal, no sólo aquí.
Respecto a la posibilidad de que los cuerpos se vayan sin los procesos que se pagaron o se entreguen cenizas falsas, el entrevistado respondió que sí sucede. “No son todas, solo que algunos compañeros trabajan muy mal”.
Sobre el funcionamiento de estos servicios, el comisionado para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Hidalgo, Luis Alberto Mercado, detalló que las funerarias están reguladas por normas sanitarias estatales y federales.
Señaló que en el estado existen 145 funerarias registradas y 17 crematorios autorizados, los mismos que deben cumplir con condiciones de higiene, contar con embalsamadores certificados y llevar bitácoras.

El comisionado reconoció que, debido a las prácticas de las funerarias, han iniciado una rotación de empresas autorizadas para evitar competencias desleales o que los promotores tengan contactos preferenciales para notificar de una muerte.
Por otra parte, el director regional de la Oficina de Defensa del Consumidor (Odeco), Navor Rojas Mancera, explicó que es indispensable contar con el contrato. Señaló que sin este documento es difícil actuar ante cobros indebidos o incumplimientos.
Recomendó verificar que la funeraria cuente con contrato de adhesión registrado ante Profeco, lista de precios visible y facturación formal.
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Ambos funcionarios coinciden en que “la previsión y la prevención” es lo mejor para evitar situaciones como la que vivió Victoria y su familia. También señalaron que hay actividades que faltan por ser reguladas.
Para Victoria, el duelo por su hermana quedó marcado por las dudas, gritos y ofensas. Dice que “nadie debería vivirlo así”. Para ella, a la Funeraria Elizalde le faltó tacto y el entendimiento de lo que pasan las familias cuando un ser querido muere.
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