El preescolar, según los habitantes, tenía una matrícula de entre 15 y 20 alumnos; apenas y puede observarse entre los escombros, pues únicamente se sostiene un muro de colores
Antes de la vaguada monzónica de octubre pasado, Chapula, en Tianguistengo, era una comunidad en crecimiento, de familias dedicadas a la agricultura y ganadería, y con población migrante en Estados Unidos; la comunidad contaba con tres escuelas de nivel básico: el preescolar Celixóchitl, la primaria Francisco Sarabia y la Telesecundaria 631, de las cuales solo la última permanece sin daños evidentes en la actualidad.
El preescolar, según los habitantes, tenía una matrícula de entre 15 y 20 alumnos; apenas y puede observarse entre los escombros, pues únicamente se sostiene un muro de colores, con tres monos dibujados. La estructura a su alrededor se encuentra totalmente dañada, derribada, con varillas al aire, barandales caídos y sin rastro de que algún día fue un espacio de juego, risas y aprendizaje.
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La primaria, aunque en condiciones graves, aún puede verse como lo que algún día fue. La parte de la barda perimetral donde estaba escrito el nombre de la escuela cayó y lo único que permanece en pie es el espacio donde puede leerse “Chapula, Tianguistengo, Hgo”, como una especie de analogía entre la fuerza de voluntad de sus habitantes por continuar y no ser borrados del mapa.

Los tres primeros salones de la primaria también permanecen en pie, pero con algunas puertas y ventanas rotas por la fuerza de la tierra y las rocas que invadieron los salones. Butacas, libros y otros materiales didácticos se asoman desde una de las ventanas, donde también resaltan una pequeña guitarra de madera y un pedazo de cartel con la frase “Cuentos y más cuentos”, mientras que la dirección y otros salones ubicados en la parte posterior de la primaria resultaron más afectados.
El recorrido realizado por Criterio coincidió con la llegada de personal que acudió a supervisar la escuela, que, relataron vecinas de Chapula, afirmaron que regresarán en próximos días para apoyar con la limpieza de la primaria, que a casi cuatro meses de la tragedia continúa sin ser limpiada y revisada a profundidad.
Ante esas condiciones y la vulnerabilidad económica en la que han quedado muchas familias, una de las afectadas señaló que sus nietos perdieron el ciclo escolar en Chapula, pues entre los gastos por vivir en otra localidad y los de la limpieza para rehabilitar su hogar, sus cuatro nietos no fueron inscritos en una nueva escuela y, por el momento, permanecen sin acudir a clases.
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“La verdad, ahorita no los he metido (a la escuela), por lo mismo de que no hay con qué mandar y dinero, pues no tenemos. No tenemos ahorita para echar a la escuela; entonces, no están estudiando. De que van a ir a la escuela, van a ir, pero ahorita no, no hay con qué”, señaló la afectada.
Es jueves a mediodía en Chapula y decenas de niños corren entre lo que queda de las calles, mientras que otros ayudan con cubetas pequeñas; los más grandes y algunos adolescentes caminan con carretillas llenas de escombros o pelean dentro de algunas casas. No son muchos, pero algunos han priorizado la limpieza y reconstrucción de la comunidad sobre los estudios.
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