En entrevista con Criterio, en el marco del Día Mundial del Paciente Trasplantado, Alonso recordó cómo fue la detección de su enfermedad en plena adolescencia y todo el transitar emocional y de salud que vivió durante esa época
Desde los 17 años, en mayo de 2002, Alonso González fue diagnosticado con insuficiencia renal, lo que dos años más tarde lo llevó a recibir un trasplante de riñón, mismo que le donó su madre y con el que ha vivido cerca de 21 años pese a dos amenazas de rechazo.
En entrevista con Criterio, en el marco del Día Mundial del Paciente Trasplantado, Alonso recordó cómo fue la detección de su enfermedad en plena adolescencia y todo el transitar emocional y de salud que vivió durante esa época.
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Mencionó que la detección ocurrió tras convulsionar, aparentemente de forma repentina. Sin embargo, con el paso del tiempo reflexionó sobre algunos otros síntomas que presentó, como la pérdida de peso y pequeñas taquicardias durante el día o al momento de dormir.
Alonso recordó que una vez que fue detectada su enfermedad, inició un proceso de diálisis ambulatoria y automática, que recibió durante dos años, hasta que recibió el trasplante del riñón de su madre en agosto de 2004.
Alonso se dijo agradecido por la rapidez de su proceso, pues conoció a otros pacientes con más tiempo en espera, debido a que resulta complejo encontrar a alguien compatible para la donación.
“La verdad, sí tuve mucha suerte porque yo conocí muchos pacientes que esperaban seis u ocho años por un trasplante, que regularmente es cadavérico […] Ya que mi mamá había pasado todos los filtros para ser mi donante, un día antes o un día después, me marcan para decirme que ya está listo mi lugar para un trasplante cadavérico, pero entonces mi lugar pasó a otra persona, a la que operaron unos días después”, recordó.
Sin embargo, el proceso no terminó con el trasplante, pues pasó por dos rechazos. El primero ocurrió a los dos meses de la cirugía, por lo que tuvo que mantenerse hospitalizado por dos meses para su recuperación, a través de un tratamiento experimental, mismo que funcionó en su momento.
El segundo rechazo ocurrió en 2019, por lo que le fue practicado un tratamiento de plasmaféresis, el cual consistió en la sustracción de su sangre a través de un aparato para que fuera centrifugada y devuelta a su cuerpo.
Dicho procedimiento, tiene un costo de 100 mil pesos en una clínica privada, aunque él recibió el tratamiento en el hospital La Raza, en Ciudad de México.
Por lo anterior y otras experiencias, Alonso describió su proceso como una experiencia llena de aprendizaje, principalmente en cuanto a paciencia.
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