Lo que inició como una caminata pacífica terminó en disturbios, gas lacrimógeno y acusaciones de abuso contra estudiantes
Gas lacrimógeno, golpes, groserías y sangre, fueron los componentes que conformaron la tarde del 19 de septiembre de 2023 en el Centro Cultural La Garza, perteneciente a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH); ese fue el día en el que, a la máxima casa de estudios de la entidad, se le olvidó el amor, el orden y el progreso.
Estos son los recuerdos intactos de una cobertura. Lo que parecía ser una protesta pacífica se convirtió en una auténtica batalla de alumnos del Instituto de Artes contra personal de la misma UAEH, y uno que otro colado que llegó a defender “la autonomía”.
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El motivo: la petición de renuncia de la directora de Artes, María Teresa Paulín Ríos, acusada de maltrato, discriminación y otras conductas adversas por parte de los estudiantes, quienes, un mes antes, iniciaron un paro de labores por la misma razón.
La mañana del 19 de septiembre de 2023, un contingente de esos alumnos —no más de 100— se congregaron en la plaza Constitución, en el centro de Pachuca, para de ahí caminar hacia la sede central de la UAEH, ubicada en la calle Mariano Abasolo.
La caminata fue tranquila, sin percances, solo con consignas que pedían a la máxima autoridad de la institución, el rector Octavio Castillo Acosta, hacer caso de sus labores y solicitud de remover a la directora de su cargo.
Sin embargo, al llegar al punto final de la marcha, se encontraron con vallas metálicas y humanas para impedir su paso al edificio central, hecho que, en lugar de calmar los ánimos, pareció que avivó la llama de la confrontación.
Todo empezó en la puerta de madera, rígida, grande, gruesa, pesada, la cual cayó ante el golpeo de martillo y cualquier otro que objeto que los estudiantes y sus acompañantes encontraron a su paso.
Una vez adentro, el caos se desató, personal con la chamarra distintiva de los sindicalizados de la universidad no duraron en lanzarse al ataque de los manifestantes con patadas, galos, tubos o lo que fuera, para defender las instalaciones del que parece que consideraron como un enemigo mortal —al menos por esa tarde—: sus propios estudiantes.
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Personas en el piso, una madre que acompañaba a su hijo a la protesta con una herida sangrando cerca del ojo, un estudiante casi al borde del desmayo, y no, no era una escena de una película norteamericana, eran los pasillos del centro cultural de la UAEH.
Nadie se salvó; incluso, los curiosos o los que ese día nos encontrábamos cubriendo el acontecimiento para los diversos medios de comunicación, fuimos alcanzados por el gas lacrimógeno que cubrió por completo uno de los pasillos con su característico color naranja, que picaba la nariz y hacía llorar de una manera peculiar los ojos, además de las náuseas que se desataron en la mayoría de los que ahí nos encontrábamos.
Minutos más tarde, por una de las puertas laterales del recinto, entraron varios hombres, de quienes hasta la fecha se desconoce si eran trabajadores de la casa de estudios o integrantes de los famosos “grupos de choque”, pero que llegaron para desequilibrar la contienda y favorecer a los que defendían el edificio.
Mientras eso ocurría, Paulín Ríos —la persona por quien se realizó la protesta—, era resguardada en un pequeño cuarto dentro del estacionamiento, a la espera de sus salvadores —quienes llegaron junto con el grupo de hombres desconocidos— para sacarla entre los callejones que rodean la sede universitaria.
Actualmente, dos años después de esa batalla en que la garza ‘picoteó’ a sus propios polluelos, el suceso parece quedar en el olvido, al igual que sus consecuencias.
Se generaron algunas denuncias penales, las cuales quedaron en simples vinculaciones a proceso y reparaciones del daño, pero sin una sanción severa para los agresores y participantes.
Para el rector Castillo Acosta, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo (CDHEH) emitió una recomendación para que pidiera una disculpa pública por los hechos; pero, escudado en la autonomía de la universidad, hizo caso omiso y contraatacó con algunas denuncias contra la misma comisión.
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De María Teresa Paulín Ríos poco se sabe: algunos dicen que continúa dando clases, otros que tiene un cargo administrativo en la misma universidad.
El paro de actividades de alumnos del Instituto de Artes se levantó unos meses después, cuando consiguieron que la misma docente renunciará a su cargo.
Meses más tarde, las protestas seguían, pero se apagaron poco a poco. Sin duda, las huellas de la batalla, la foto del monumento irónico de la universidad que muestra a la garza sin cabeza, quedarán plasmadas en la historia de la institución, porque es bueno repetirlo: el 19 de septiembre se queda como el día en que la UAEH dejó atrás el amor, orden y el progreso.
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