Jorge Hernández recuerda cómo su paso por Querétaro, que inició con ilusión y estabilidad, cambió para siempre después de la tragedia de 2022

El Burrito con la camiseta de Querétaro, en uno de sus últimos torneos en primera división
Cuando Jorge el Burrito Hernández dejó Pachuca a finales de 2021, lo hizo con la nostalgia de quien cierra una historia que lo marcó por completo. Se fue con la ilusión de seguir compitiendo, de aportar experiencia, de extender un poco más el camino. Su destino fue Querétaro, club al que llegó para el Grita México C22, con la misma actitud de siempre: trabajo, humildad y compromiso.
“Cuando llego a Querétaro me reciben muy bien, muy, muy bien. Había un grupo sano, un equipo con buena gente. Me sentí cómodo desde el primer día”, recuerda.
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El mediocampista alcanzó a disputar 38 partidos oficiales con los Gallos Blancos en año y medio; sin embargo, su etapa en Querétaro quedó marcada por la trágica bronca en el estadio Corregidora, en marzo de 2022, un episodio que sacudió al futbol mexicano.
“Ahí se acabó mi carrera, la verdad. Después de lo que pasó, todo cambió. Fue un parteaguas, ya no fue igual. Era un ambiente distinto, difícil, sin gente en los estadios. Ese último año como profesional no lo disfruté”, recordó.

El Burrito habló con honestidad y sin dramatismo. Lo dice como quien entiende que, a veces, el futbol te suelta antes de que uno lo decida. A raíz de los cambios de dueños, sanciones y reestructuras, el Querétaro se convirtió en un club inestable, y con ello también se diluyó la ilusión.
“Cambió todo. Habían vendido el equipo, luego se lo regresan al Grupo Caliente (…) Era complicado. Lo único que disfrutaba era entrenar con mis compañeros, porque ya sabía que a lo mejor no iba a jugar”, mencionó Hernández.
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El futbolista que fue sinónimo de constancia y temple cerró su carrera de forma silenciosa, pero con la frente en alto. No hubo reflectores ni despedidas multitudinarias; hubo serenidad y agradecimiento.
“Mi último año como profesional no lo disfruté. Hoy disfruto más jugar la talacha con mis amigos. Imagínate, ahora sí que me divierte más eso que aquel final”, abundó.
Después de casi 15 años en primera división, Jorge Hernández entendió que el futbol, como la vida, tiene ciclos. Y el suyo, lleno de garra, compromiso y amor por el juego, se cerró sin ruido, pero con la satisfacción de haberlo dado todo.
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