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No es fácil ser esquiadora de fondo en Miami, donde la nieve solo aparece en las películas navideñas, y para eso Regina tenía que viajar frecuentemente y pasar temporadas en lugares donde sí poder practicar su deporte, además de adquirir el costoso material que necesitaba para ello.
“El esquí me salvó la vida”
Pero su historia con el esquí de fondo no empezó en Florida, sino en otro lugar mucho más frío de Estados Unidos, Minnesota, donde estudió Medicina.
Fue allí donde vio los Juegos de Pyeongchang 2018 y la historia de su compatriota Germán Madrazo, que atrajo entonces la atención mundial al competir en esa cita olímpica con 43 años y después de aprender a esquiar apenas un año antes.

“Yo estaba lejos de casa, en Minnesota, con unos inviernos muy fuertes y los días muy cortos. Me dio depresión estacional. Vi entonces la historia de Germán y llegó para mí como una salvación. El esquí me salvó la vida, me dio la oportunidad de no sentirme tan atrapada”, cuenta en una entrevista con la AFP esta doctora de 33 años.
Asesorada por el propio Madrazo, con el que contactó por internet, se lanzó a la aventura.












