Entre la multitud, los seguidores ecuatorianos buscaban encontrarse unos con otros.
El Estadio Ciudad de México alberga este martes su primer encuentro del Mundial Norteamérica 2026 con un marcado sabor latino, al recibir el duelo entre las selecciones de México y Ecuador, dos representativos que se jugaban uno de los boletos a los octavos de final en un ambiente que desde muy temprano comenzó a sentirse en cada rincón de la capital.
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Más allá de lo que sucediera sobre el césped, el partido representaba una oportunidad especial para ambos equipos. El resultado quedaría marcado como un capítulo importante para dos selecciones que no han conseguido ganar un encuentro de fase final en una Copa del Mundo, motivo suficiente para que la ilusión se apoderara de miles de aficionados que soñaban con ver a su país dar un paso más en el torneo.
Desde seis horas antes del silbatazo, las calles de la Ciudad de México comenzaron a teñirse de verde y amarillo. Las camisetas, banderas y bufandas fueron ganando terreno conforme avanzaba el día, mientras cientos de seguidores utilizaban el Metro y el Tren Ligero para acercarse al inmueble mundialista.

La estación Estadio Azteca del Tren Ligero se convirtió en uno de los principales puntos de reunión. Apenas cruzaban los torniquetes, los aficionados dejaban salir la emoción contenida, pues los cánticos aparecían de inmediato, las porras se respondían de un lado a otro y el ambiente terminaba por envolver a cualquiera que caminara rumbo al estadio.
Quienes decidieron llegar con varias horas de anticipación encontraron distintas maneras de hacer más corta la espera. Algunos aprovecharon para recorrer los mercados y negocios cercanos en busca de comida, mientras otros prefirieron mantenerse a las afueras del inmueble para ocupar un buen lugar en cuanto se abrieran las puertas.

Entre la multitud, los seguidores ecuatorianos buscaban encontrarse unos con otros. Bastaba reconocer una camiseta amarilla para acercarse, intercambiar unas palabras y formar grupos que caminaran juntos rumbo al estadio, compartiendo la emoción de acompañar a su selección en un partido de tanta relevancia.
“Venimos desde Guayaquil. Nos fue fácil llegar acá; viajamos desde el domingo (…) Los boletos sí estuvieron elevados, pero acompañar a nuestra selección no tiene precio”, comentó uno de los aficionados, quien no ocultaba la emoción de vivir la experiencia mundialista.
Las conversaciones también despertaban la nostalgia. Varios seguidores recordaban a los futbolistas ecuatorianos que dejaron huella en el futbol mexicano, especialmente con los Tuzos del Pachuca. Nombres como Enner Valencia, Walter Ayoví y Segundo Castillo aparecían constantemente entre las charlas, recibiendo elogios y siendo considerados referentes de una generación que fortaleció el vínculo futbolístico entre Ecuador y México, justo en un día en el que ambas aficiones compartieron colores, pasión y la esperanza de seguir con vida en la Copa del Mundo.
Al final, entre cánticos, abrazos y banderas al viento, México y Ecuador dejaron claro que, mucho antes del silbatazo, la tribuna ya había ganado su propio partido.