“Abandonar a un club que creyó en ti en los peores momentos es una decisión que habla más de la persona que del proyecto”
La actualidad de Pumas parecía encaminarse hacia un proyecto serio y sólido. Y mucho de ese mérito recaía en Efraín Juárez, joven estratega que llegó a la institución después de un exitoso paso por Atlético Nacional, en Colombia.
Desde el principio generó dudas: los dos torneos consecutivos en los que el equipo quedó en repechaje hicieron que parte de la afición y la prensa cuestionaran si el proyecto universitario había encontrado a un líder capaz.
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La desconfianza se profundizó tras la eliminación de la Concacaf a manos de San Diego, un resultado que puso a Juárez en la mira y encendió rumores sobre su salida. Pero la directiva de Pumas, encabezada por Antonio Sancho, decidió respaldarlo, demostrando que confiaba en su capacidad para levantar al equipo y darle continuidad a un proyecto que necesitaba estabilidad.
Bajo su dirección, Pumas mostró lo que parecía imposible: se convirtió en líder del Clausura 2026 y alcanzó la final del torneo. Aunque perdieron, el rendimiento del equipo demostraba que había un rumbo claro para el proyecto universitario, con Juárez a la cabeza.
Muchos comenzaron a ver en él un referente que podía poner fin a años de resultados inconsistentes y decisiones erráticas por parte de la directiva y anteriores cuerpos técnicos.
Pero entonces, tras la derrota en la final ante Cruz Azul, comenzaron los rumores de conflicto entre Juárez y la directiva. Algunos medios especularon sobre su posible salida, aunque su representante se encargó de desmentir la información y asegurar que cumpliría su contrato. Parecía que la calma había regresado a Ciudad Universitaria. Sin embargo, lo que lucía como un malentendido pronto se convirtió en una “traición”.
En cuestión de días, Efraín Juárez renunció por teléfono, sin dar explicaciones y dejando de contestar las llamadas de Antonio Sancho. El DT le dio la espalda a una directiva que creyó en él, que lo respaldó en los momentos más difíciles y que le permitió construir un proyecto desde cero; también a una afición que, pese a resultados inconsistentes, le brindó cariño, paciencia y respeto.
La sensación que deja su salida es que los Pumas, después de años de esfuerzos por consolidar un rumbo, vuelven a la incertidumbre y al caos.
¿Quién asumirá la responsabilidad de mantener la dirección del equipo? ¿Puede la directiva encontrar a alguien que, a diferencia de Juárez, tenga la capacidad de comprometerse con el proyecto a largo plazo?
Y lo más importante: ¿cómo afectará esta decisión a la confianza de la afición y de los jugadores que sí habían creído en él?
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