El exjugador de la Liga MX destaca el talento escondido en el futbol amateur y cómo este espacio lo ayudó a reencontrarse con el deporte
Tras colgar los botines de la Liga MX, Jorge el Burrito Hernández no se alejó del balón. A casi dos años de su retiro profesional, el mediocampista potosino encontró en la talacha un espacio en el que pudo recuperar la esencia pura del futbol, viviendo la convivencia, la pasión y la competencia sin presiones mediáticas.
Para él, la transición no fue un adiós, sino un cambio de escenario, un regreso a la razón por la que se enamoró del deporte.
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La talacha, aseguró, no es un simple pasatiempo: “Es un nivel muy bueno. Hay equipos y jugadores que tranquilamente podrían estar en primera división o Liga de Expansión. La única diferencia es la constancia en el trabajo diario; si todos entrenaran como se debe, lo armarían sin problema”.

Jorge Hernández se ha adaptado con facilidad a esta nueva fase, redescubriendo el futbol desde la perspectiva del disfrute más puro.
“Lo que más extraño del profesionalismo era el día a día, los entrenamientos, convivir con los compañeros. Ahora, seguir jugando amateur me permite eso”.
Asimismo, Jorge Hernández también se ha sorprendido por la seriedad y la pasión que muchos le imprimen al futbol amateur, con equipos que invierten tiempo y recursos, torneos que logran llenar estadios, poniendo como ejemplo una final que se jugó en el Agustín Coruco Díaz de Zacatepec, donde el público respondió masivamente.
Para el Burrito, la talacha no es solo un entretenimiento, es un puente entre su legado profesional y su amor por el juego. Entre amigos, goles y recuerdos, Hernández demuestra que su compromiso con el balón no se mide en contratos ni reflectores, sino en el puro placer de jugar.
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