El ídolo hidalguense celebra su carrera con una función especial llena de nostalgia, emoción y rivalidad familiar
Honor a quien honor merece. Colmillo Blanco vivirá una noche estelar el próximo 30 de octubre, cuando celebrará sus 40 años de trayectoria profesional, que lo reafirman como uno de los elementos consagrados de Hidalgo.
A sus 77 años, el experimentado gladiador prepara una función especial en el Centro Deportivo y Cultural 11 de Julio, el mismo escenario donde comenzó su carrera, en lo que promete ser una velada llena de nostalgia, emociones y rivalidad familiar, pues compartirá cartel con sus nietos en un evento que reunirá a figuras locales y nacionales.
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“Con esta sorpresa que me da Lucha Libre Vanguardia de hacerme un homenaje en vida —que es lo que se agradece—, estamos listos para esa función. Va a haber sorpresitas. Voy en contra de mi nieto, que siempre estamos agarrándonos del chongo. Él no entiende, pero a ver, vamos a echarle todas las ganas del mundo”, adelantó Colmillo Blanco.

Pocos saben que, antes de convertirse en luchador, Colmillo Blanco fue boxeador amateur; sin embargo, su camino dio un giro radical en el cuadrilátero.
“Yo inicié como boxeador; inclusive estuve en la arena Afición, en los Guantes de Oro, pero no me gustaba practicar la lucha. La veía, pero no me llamaba la atención subir al ring”, recordó en entrevista con La Copa TV de Criterio.
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Todo cambió una tarde, cuando su orgullo lo llevó a tomar una decisión que marcaría su destino.
“Me invitaron a una función en San Agustín Tlaxiaca. Yo solo quería estar en el vestidor, pero unos muchachos, los Satanes, me echaron fuera con palabras obscenas. Me picaron el orgullo y le dije a mi amigo: ‘Enséñame a practicar lucha libre’”, añadió.
Aquel impulso fue el inicio de una historia que comenzó precisamente en el Deportivo 11 de Julio, donde entrenó bajo la tutela del Perro de la Barranca, Tarasco y Monarca (hoy Fantástico), además de León Chino, entre otros.
“Ahí empecé a hacer mis primeras rodadas. Me metí fuerte y debuté como Cíclope. De ahí fui creciendo hasta llegar a la arena Afición, donde duré 20 años enfrentándome a lo mejor”, compartió.

En su camino, Colmillo Blanco también pisó escenarios del Estado de México, Veracruz, Morelos y hasta Tenosique, en la frontera con Guatemala.
“Yo iba a donde me invitaran. Inclusive, en mis inicios entré a la Triple A, cuando apenas comenzaba. El licenciado Peña me cambió el nombre de Cíclope a Arsénico, pero luego me fracturé la pierna en un evento en el palenque de la feria y ahí terminó mi paso por la empresa”, recordó.
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Poco después, Colmillo Blanco compartió que el nombre que lo consagró —y que aún mantiene— nació casi por accidente.
“Éramos tres Cíclopes. Uno de ellos propuso que debutáramos como los Colmillos. Él hacía máscaras y diseñó una de perro de peluche. Me convenció, debutamos así, pero al medio año me dejó solo. Yo seguí batallando con el nombre, enfrentándome a quien me pusieran”, rememoró.
Esa máscara —inspirada en un lobo y diseñada por él mismo— se convertiría en su sello.
“La primera era de peluche y látex, pesaba mucho. Luego yo mismo diseñé esta, más ligera. Con ella me di a conocer en todo el Estado de México y en otras partes.”
Durante su carrera, Colmillo Blanco vivió enfrentamientos memorables con otros consagrados de la época, que forjaron su carácter y pulieron su técnica.
“Tuve encuentros fuertes con Sangre Minera, con los Arañas, con El Exótico, Arenita, con Braulio Flores y los Máscara, con el Lobo Blanco y hasta con el difunto Tino Arrieta. Alcancé la época fuerte de la arena Afición, donde las batallas eran sangrientas y reales”, indicó.
De sus luchas de apuestas, Colmillo Blanco recordó con emoción y dolor la que más lo marcó, cuando tuvo que revelar su rostro al público.
“La más complicada fue cuando perdí la máscara. Fue en una ruleta en la que venían Dos Caras, Solar, El Exótico, Titán, Miners (…) me quedé mano a mano con El Exótico y él fue quien se quedó con mi tapa. Eso fue hace unos 14 años. Sí, me dolió, pero me dio más fuerza para seguir adelante”, compartió.
A lo largo de su trayectoria presume, con humildad, una máscara ganada y tres cabelleras, pero, sobre todo, el respeto del público.
“Yo me entrego, porque el público paga un boleto por vernos. Entrando a un vestidor se me quita el dolor, me entra la adrenalina. Es mi pasión.”

El legado de Colmillo Blanco no se detiene. Sus nietos, El Mago y Johnny Yedra, continúan con el linaje.
“Ellos me iban a ver entrenar. El Mago era futbolista, pero se enamoró del ring. Lo debuté como Colmillito Blanco. Johnny se enojaba porque no podía hacer lo mismo, lloraba, y yo le decía: ‘Cada quien tiene su estilo’. Y lo encontraron”, mencionó.
Ambos han llevado el nombre de la familia a Estados Unidos y Japón, pero también mantienen una rivalidad que trasciende generaciones.
“Johnny me pidió usar el nombre Colmillo Blanco y el año pasado se lo ganó a otro de mis descendientes en una lucha. Fue una rivalidad de sangre, pero así es esto. Abajo del ring somos familia; arriba, no hay parentescos. Ahí el público manda”, dijo.

En la función de homenaje del próximo 30 de octubre, esa historia tendrá un nuevo capítulo: Colmillo Blanco hará equipo con El Mago para enfrentar a Cíclope y Cerebro Negro, dos rivales de respeto y con historia compartida.
“Cíclope es fuerte, un luchador a nivel internacional, pero también tengo mis mañas. Sé dónde le puedo hacer daño. Vamos a ganar. Él ya no vence con llaves, yo sí. Él sabe lucha clásica, pero ya no la practica”, advirtió.
El cartel del Deportivo 11 de Julio promete una noche memorable. Figuras del Consejo Mundial de Lucha Libre compartirán escenario con leyendas locales y jóvenes promesas.
“Va a ser una función redonda; vienen luchadores como Guerrero, Verno y los muchachos que empujan fuerte. Va a haber muchas sorpresas”, adelantó.
Más allá del homenaje, Colmillo Blanco tiene claro su mensaje: la lucha libre es entrega, respeto y pasión.
“Yo veo ahora que muchos jóvenes preguntan con quién van a luchar. Antes uno subía con quien fuera y de ahí se aprendía. A mí me enseñaron que hay que ir donde haya trabajo y dar el cien por ciento. Eso es lo que intento transmitir”, detalló.
Finalmente, a sus 77 años, el veterano gladiador sigue subiendo al ring con la misma energía de aquel muchacho que un día decidió dejar los guantes de box para enfundarse una máscara.
“Le pido a Dios que me deje seguir. Mientras tenga fuerzas, seguiré entregándome. Yo nací para esto.”
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