Este fin de semana, la obra ‘Cerros testigos’ del Semillero de Artes Vivas concluye sus funciones en CDMX, explorando la memoria de la Sierra de Pachuca

‘Cerros testigos’ es una instalación escénica que invita al público a reflexionar sobre el pasado minero de la Sierra de Pachuca y su actual transformación urbana | Foto: Especial
Este fin de semana concluye una serie de presentaciones de Cerros testigos, una instalación escénica sobre Pachuca para habitar la memoria, el viento, la piedra y las heridas del territorio, creada por el Semillero de Artes Vivas.
La propuesta plantea qué puede contarnos un cerro. De esta manera, el proyecto a cargo de Francisco Arrieta —quien concibió, investigó y dirigió el montaje— explica la historia de la Sierra de Pachuca, su dinámica minera, los efectos geológicos derivados de esta actividad y la transformación de su uso hacia un modelo habitacional.
“En las últimas décadas, ese régimen extractivo no ha desaparecido, sino que ha cambiado de escala y de materia. Allí donde antes el interés se concentraba en los minerales, hoy el cerro es incorporado al crecimiento metropolitano”, detalló el creador.
Dicho fenómeno, abundó el director, “fragmenta la cobertura vegetal, altera la infiltración del agua, desplaza especies y reconfigura la relación entre la ciudad y sus montañas”.
En este contexto, la iniciativa forma parte de una residencia denominada Morfología del gesto: Prácticas de escucha. Faros para que crezca la hierba, bajo la curaduría de José Saeed Pezeshki Pérez.
La premisa principal de Cerros testigos es escuchar aquello que el relieve natural aún conserva, lo que resiste y lo que, incluso mientras desaparece, continúa dando testimonio de su propia existencia.

Desde hace varios años, el Semillero de Artes Vivas desarrolla una práctica de investigación-creación que desplaza la mirada antropocéntrica para encontrarse con entidades compañeras, como los ríos, las elevaciones terrestres, el viento o los jales mineros de Pachuca.
Sus trabajos buscan establecer relaciones de reciprocidad y cuidado, al preguntarse qué memorias resguardan estos espacios y qué formas de conocimiento pueden surgir cuando dejamos de entenderlos como recursos para comenzar a reconocerlos como presencias vivas.
Para la materialización de esta obra, el equipo creativo estuvo conformado por Fermín Martínez y Francisco Arrieta, en el diseño y composición espacial, sonora y lumínica; María Paula Rodríguez (Ciudad de México), en la producción; Irene Rodríguez (Pachuca), en la curaduría de la residencia, y Saeed Pezeshki, como residente.
Para quienes deseen asistir a las últimas funciones, la información del evento es la siguiente:
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