La llamada Supervía Colosio de Pachuca, que de “súper” tiene lo que yo de astronauta, sigue siendo un dolorcito (para no decir otra cosa) para los que todos los días nos aventamos el martirio de cruzarla en hora pico.

La llamada Supervía Colosio de Pachuca, que de “súper” tiene lo que yo de astronauta, sigue siendo un dolorcito (para no decir otra cosa) para los que todos los días nos aventamos el martirio de cruzarla en hora pico.
Esta obra monumental, que costó más de mil 800 millones de pesos, se construyó en seis etapas, tres puentes elevados, concreto hidráulico y una estructura que, si no lo supiéramos, juraríamos que fue diseñada por alguien que odia a los peatones, ciclistas y usuarios del transporte público.
Hay un puente de 545 metros en el sentido Pachuca–México; otro de 542, en el sentido contrario, y uno atirantado de 598 metros. El distribuidor vial en Colosio y Felipe Ángeles, que acabó costando 480 millones “gracias” a la pandemia. El puente atirantado también subió de precio: de 402 a 500 millones.
Y por si eso no fuera suficiente, la segunda etapa costó más de 347 millones y la tercera, otros 400. Todo esto para mejorar la movilidad de Pachuca… ¿Y qué obtuvimos? Cuatro carriles que se convierten en tres y luego —frente al Cbtis 8— se transforman casi en dos. Y no me hagan hablar del tramo frente a Seguridad Pública o el atirantado.
En esta “supervía” basta con que un coche se descomponga para que todo colapse. Y si hay un accidente (que pasa seguido), mejor vaya cancelando sus planes.
Pero más allá del tráfico, lo tragicómico es que esta obra no consideró a nadie más que a los autos. Ni ciclovías ni paradas funcionales para el transporte público. Si alguien pensó en los peatones, debió ser en sueños… y pesadillas.
Del famoso puente atirantado ya hablé en una columna pasada, esa donde aún soñamos con que algún día lo terminen o, mejor dicho, lo usen para algo útil.
Y como no hay indicios de que alguien vaya a arreglar esta “supervía”, este espacio queda, como muchas veces, para la catarsis. Para desahogar la frustración de una ciudad atrapada entre sus propias obras monumentales.
Siguen los casos de maltrato animal en Hidalgo y, por desgracia, no son hechos aislados. Este fin de semana se viralizaron al menos dos: uno en Apan, donde un perrito murió tras recibir un machetazo, y otro en El Palmar, Pachuca, donde una mujer fue captada arrastrando a un perro por la calle.
¿De verdad andamos tan mal como sociedad? ¿Tan desconectados estamos del respeto por la vida ajena, humana o animal?