Hoy es 30 de abril y, como cada año, celebramos el Día del Niño, esa efeméride que el presidente Álvaro Obregón estableció allá por 1924, en armonía con la Declaración de Ginebra sobre los Derechos de los Niños. Un bonito gesto histórico. Pero, siendo honestos… ¿realmente estamos haciendo algo por ellos o solo desempolvamos el discurso una vez al año?

Hoy es 30 de abril y, como cada año, celebramos el Día del Niño, esa efeméride que el presidente Álvaro Obregón estableció allá por 1924, en armonía con la Declaración de Ginebra sobre los Derechos de los Niños. Un bonito gesto histórico. Pero, siendo honestos… ¿realmente estamos haciendo algo por ellos o solo desempolvamos el discurso una vez al año?
En Hidalgo, la escena es cada vez más común: niños pidiendo limosna en los cruceros, pequeños expuestos a violencia familiar, víctimas de bullying y atrapados en un entorno que sabotea su desarrollo desde todos los frentes. Y, por si fuera poco, todavía se repite ese estribillo absurdo de que “los niños son de todos”, como si eso les garantizara algo más que la indiferencia colectiva.
Las autoridades, fieles a su guion de simulación, lanzan programas con nombres rimbombantes o inauguran parques —eso sí, muy “instagrameables”— como si con eso pudieran suplir la falta de alimentación, acceso a salud mental, educación digna o seguridad. Total, lo importante es la foto con el niño al que le regalaron una bici de promoción de supermercado o el aguinaldo simbólico que reparten en diciembre… si se acuerdan.
Según datos del Inegi de 2020, en Hidalgo vivían 848 mil 201 niñas y niños de entre 0 y 15 años, lo que representa el 28 por ciento de la población estatal. Pero de ese total, un escalofriante 59.4 por ciento de la población infantil y adolescente (0 a 17 años) vivía en condiciones de pobreza. Sí, más de 548 mil menores en situación de vulnerabilidad. Y por si no fuera suficiente, la entidad ocupaba el décimo lugar a nivel nacional en este rubro. Pero, claro, celebremos el Día del Niño con pastel y payasos.
Hoy deberíamos detenernos y preguntarnos seriamente: ¿qué estamos haciendo como sociedad, como autoridades, y también como padres, por el bien de los niños? Porque esos mismos pequeños que hoy reciben una bolsita de dulces son quienes mañana cargarán con el peso de una sociedad que apenas los volteó a ver.
Del tintero de mis amigos, Los Hijos del Pueblo:
La diputada Alhely Medina pidió licencia desde el 8 de abril, pero su ausencia se manejó con “faltas justificadas” hasta que se aprobó su retiro 21 días después, justo cuando ya procedía una orden de aprehensión en su contra; el caso, lleno de silencios e irregularidades, deja al descubierto un sistema… ¿O solo somos mal pensados?