Dice el refrán que al perro más flaco se le cargan las pugas y esta sabiduría ancestral refleja claramente la situación que padecen a diario los habitantes de Tula…

Dice el refrán que al perro más flaco se le cargan las pugas y esta sabiduría ancestral refleja claramente la situación que padecen a diario los habitantes de Tula, la Ciudad de los Atlantes y cuna de cultura tolteca, donde entre la delincuencia y la contaminación los vecinos de esta región con tanta grandeza histórica debaten entre respirar menos o cuidarse de las balas.
Y no es para menos: en los últimos meses, una serie de ataques de la delincuencia en la que incluso han perdido la vida policías ministeriales, jueces y jóvenes de la sociedad civil heridos tiene verdaderamente alarmados a los vecinos de Tula y municipios cercanos que ya no saben de quién cuidarse.
Y no es que los habitantes de Tula asistan a estos sitios que el secretario de Gobierno calificó como no recomendables, sobre todo en la madrugada, sino que en algunos casos estos ataques han ocurrido en plena luz de día, con lo que esto significa para la seguridad de la población que nomás no sabe para dónde hacerse.
Las autoridades señalaron que estos ataques son producto de las luchas entre grupos delincuenciales liderados por el Kukis y por el Perico, que se pelean la plaza, sobre todo por el control del huachicol y el narcomenudeo.
De estos enfrentamientos resultaron seis personas muertas y ocho lesionados, pero el Kukis y el Pájaro, perdón, el Perico, se les pelaron…
Si ya identificaron que son estos sitios los principales puntos de afluencia de los grupos delincuenciales, ¿por qué no se había reforzado la vigilancia en estos lugares no recomendables?
Y por si esto no fuera suficiente, la contaminación es otro de los grandes problemas, o como le llaman de manera elegante, los pendientes que intentan resolver por las implicaciones a la sustentabilidad de la región y a la salud de la población que por años se han minimizado a pesar de que las mismas autoridades han reportado los efectos nocivos a la población.
Diferentes instancias han documentado con seriedad el problema de las emisiones contaminantes al ambiente de Tula, lo que coloca a esta zona como una de las más contaminadas del mundo y con las implicaciones a la salud de los habitantes de la región.
El Instituto del Cambio Climático reveló, en el Inventario de emisiones de contaminantes al medio ambiente, que se descargan tres mil 93 toneladas anuales de partículas suspendidas PM2.5, lo que representa el 36.4 por ciento de las emisiones del Valle de México y cinco mil 300 toneladas anuales de óxidos de nitrógeno, entre otras sustancias tóxicas, que afectan a la salud de los habitantes de estas regiones.
Mientras, la Secretaria de Salud, en su base de datos de mortalidad y morbilidad por cáncer por región, señala que estos padecimientos son producto de la contaminación provocada por las emisiones de partículas suspendidas y que tienen un efecto importante en el sistema respiratorio de niños y adultos, también en el sistema digestivo y en los problemas cardiovasculares, padecimientos que también ha analizado el Instituto Nacional de Salud Pública en el Estudio epidemiológico en la región Tula-Tepeji, tema que incluso la UNAM abordó en el Estudio de dispersión atmosférica en el corredor Tula-Tepeji.
Así las cosas. La contaminación en la zona no es cosa menor y por supuesto ya ha encendido las alertas de las autoridades federales que siguen intentando remediar el impacto sobre todo a la salud.
Lo cierto es que, a Tula, como a los perros flacos, se le han cargado todas las pulgas y los habitantes preocupados dicen que ya no la chinguen y que quieren dejar de ser los receptores de aguas sucias y ahora de basura ecológica.
Espero sus comentarios.
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