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Hace (11) meses

Regionalización, tecnología y futuro, claves del nuevo panorama global

Hoy más que nunca, las universidades, gobiernos y empresas deben trabajar juntos. Necesitamos una educación más abierta, inclusiva y conectada con los desafíos del presente

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Nos encontramos en un momento de quiebre. Un punto de inflexión donde los modelos que definieron las últimas décadas —la globalización expansiva, la hegemonía de las cadenas de valor dispersas y la confianza en instituciones multilaterales— comienzan a dar paso a una lógica distinta: la regionalización.

Este cambio no es menor. Como he señalado anteriormente, el mundo está transitando hacia una configuración donde los bloques regionales —América del Norte, Europa y Asia— toman protagonismo. En este contexto, México ocupa una posición estratégica, tanto por su cercanía geográfica con Estados Unidos como por su creciente peso comercial. Pero no basta con estar bien ubicado; hay que estar bien preparado.

Veo dos posibles caminos hacia adelante. Uno en el que, como sociedad, salgamos de esta coyuntura más fuertes, más prósperos, más sanos y más vivos. Pero también vislumbro otro escenario, más difícil, en el que amplias capas de la población queden al margen de los beneficios del nuevo orden global. La historia no está escrita. Depende de nuestras decisiones.

El auge de tecnologías como la inteligencia artificial no es simplemente una herramienta de productividad. Va a transformar industrias, alterar mercados laborales y desafiar nuestras estructuras sociales. Tal como lo expresé en Monterrey: “Si hace 30 años fue la globalización de las mercancías, los próximos 30 años va a ser la globalización de los servicios, tal vez incluso en los próximos 10 años”. Este fenómeno exigirá nuevas habilidades, pero también una renovada responsabilidad ética y social.

En ese sentido, la educación superior tiene un papel insustituible. Necesitamos instituciones capaces de formar ciudadanos críticos, resilientes y éticamente comprometidos. En un entorno donde será cada vez más difícil saber qué es verdadero y qué no, fomentar el pensamiento crítico ya no es un lujo: es una necesidad democrática.

A menudo, la conversación sobre el futuro se reduce a cifras de inversión, crecimiento y competitividad. Pero yo insisto: “Todo lo que es singularmente humano o lo que nosotros, como personas, podemos aportar a un lugar de trabajo es irremplazable”. Sí, es esencial saber cómo utilizar la inteligencia artificial y otras herramientas. Pero también lo es preservar aquello que nos hace únicos: nuestra empatía, juicio, creatividad y sentido moral.

México tiene ante sí una oportunidad histórica. La regionalización puede traducirse en prosperidad compartida si va acompañada de políticas educativas, tecnológicas y sociales robustas. Si no atendemos las desigualdades, si no invertimos en talento y cohesión social, el nearshoring puede convertirse en un espejismo: promesa de modernidad sobre un terreno frágil.

Hoy más que nunca, las universidades, gobiernos y empresas deben trabajar juntos. Necesitamos una educación más abierta, inclusiva y conectada con los desafíos del presente. Solo así podremos mitigar los riesgos del extremismo, el autoritarismo y la desinformación que acechan a nuestras sociedades.

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