Imagen: Juan Manuel Menes Llaguno
 · 
Hace (10) meses

Pedro María Anaya, el único presidente hidalguense

Volvió Anaya a la presidencia, pero solo por unos días, para entregarla al licenciado Manuel de la Peña y Peña, quien fue el encargado de firmar las negociaciones con los Estados Unidos

Imagen: Pedro María Anaya, el único presidente hidalguense
Compartir:

En el panteón de los héroes nacionales ocupa especial lugar el huichapense Pedro María Bernardino Anaya Álvarez, nacido el 20 de mayo de 1794 en la entonces Villa de Huichapan, lugar reconocido como la primera venta —sitio para alojamiento y comida de viajeros y cambio de la recua de las diligencias— al salir de Ciudad de México o la última al regresar de tierra adentro a la capital, en ese lugar se habían asentado, al iniciarse la última década del siglo XVIII, sus padres Pedro José Anaya y Maldonado y María Antonia Álvarez, ambos españoles, dedicados al comercio, aunque don Pedro incursionó con éxito en el terreno de la administración de diversas fincas ganaderas, lo que les permitió mantener una posición desahogada y brindar a su hijo una esmerada educación con maestros particulares.

Al cumplir 16 años, en mayo de 1810, el joven Pedro decidió abrazar la carrera militar y se alistó en el regimiento de Tres Villas —asentado en medio de las Villas de Jalapa, Córdoba y Orizaba—, lugar en el que se encontraba acantonado al inicio de la Guerra de Independencia, en la que no participó por decisión de sus padres. 

Al triunfo insurgente nuevamente se dio de alta en el Ejército Imperial de Iturbide, donde continuó hasta el nacimiento de la República. En 1823, marchó con el general Vicente Filísola a la Campaña de Centroamérica y poco después, en 1829, durante la Invasión de Barradas fue ascendido a coronel, pero, debido a un severo quebranto de su salud y a las veleidades de la política de aquellos años, su vida militar fue muy irregular; sin embargo, en 1845, debido a su impecable manejo dentro de la administración pública, alcanzó sucesivamente los grados de brigadier y poco después se convierte en general de división y ocupó brevemente el cargo de secretario de Guerra en el gabinete del general. José Joaquín Herrera. 

En 1847, en plena intervención norteamericana, tras ser elegido diputado, se le designó presidente interino de la República —del 1 de abril de 1847 al 21 de mayo del mismo año— a fin de cubrir una licencia de Antonio López de Santa Anna. Al regreso de este se incorporó nuevamente al Ejército. 

El 20 de agosto de 1847, en unión del general Manuel Rincón, resistió heroicamente en el convento de Churubusco, al mando de los batallones Independencia y Bravo; de las fuerzas de Tlalpan, Chilpancingo y Galeana y de los cuerpos de la Guardia Nacional Hidalgo y Victoria con quienes defendió la plaza hasta agotarse todo el parque disponible y, aunque las tropas a su mando fueron reabastecidas, las municiones recibidas fueron de calibre diferente. El propio Anaya quedó ciego momentáneamente al estallar una bala en la recámara de su rifle y, al percatarse de que no podía continuar la resistencia, se entregó al general David Twgis, quien después de ponderar su valor le preguntó por el parque sobrante y Anaya, con voz firme, contestó:“¡Si hubiera parque, no estaría usted aquí!”; frase que nuestra historia guarda como muestra del orgullo mexicano. 

Volvió Anaya a la presidencia, pero solo por unos días, para entregarla al licenciado Manuel de la Peña y Peña, quien fue el encargado de firmar las negociaciones con los Estados Unidos. Es significativo señalar que, al presentarse el general Anaya ante el Congreso de la Unión el 12 de noviembre de 1847 para rendir la protesta de ley como presidente de la República, lo hizo llevando en el pecho una banda tricolor —con los colores de la bandera nacional—, costumbre que repitió su sucesor, Manuel Peña y Peña, y de allí en adelante todos los titulares del Poder Ejecutivo federal la han portado en momento solemnes.

Los últimos días en la vida del general Anaya transcurrieron mientras se desempeñaba como administrador de Correos —dependencia que era una de las más importantes en los gabinetes de la época, ya que se encargaba de custodiar hasta su entrega mensajes y comunicaciones distantes y cercanas en el país y requería de un celoso guardián que defendiera el sigilo en el contenido de cartas y misivas oficiales y privadas—; no obstante, al morir en Azcapotzalco, el 21 de marzo de 1854, Anaya vivía en la más terrible de pobrezas, flagelo que enmarcó su existencia aun cuando llegó a ocupar el cargo de presidente de la República.

Su vida, dice Justo Sierra, “es uno de los más grandes ejemplos de nuestra historia sobre pundonor y el patriotismo”. La nación le recuerda, al lado de los Niños Héroes de Chapultepec, protagonistas de otra resistencia frente al invasor. 

Pedro María Anaya es, hasta el momento, la única persona nacida en las tierras hoy hidalguenses que alcanzó a desempeñar el más importante cargo de la representatividad nacional, el de presidente de la República.

HISTORIAS

Juan Manuel Menes Llaguno

Cronista de Hidalgo

¡Recibe las noticias al momento en tu Whatsapp! Únete a nuestro Canal: https://bit.ly/3S0OztH

Compartir:
Relacionados
Imagen: Habrá consulta popular en 2027
Hace 1 días
Imagen: Inmersos en el juego
Hace 1 días
Imagen: Mundial cervecero
Hace 1 días
Imagen: Vigilar el gasto mientras ocurre
Hace 1 días
Se dice
/seDiceGift.png
Especiales Criterio
/transformacion.jpeg
Suscribete
/suscribete.jpg
Más popular
Sumar capacidades para cerrar espacios a la opacidad
Por Redacción Criterio . 29 de mayo de 2026

© Copyright 2026, Derechos reservados | Grupo Criterio | Política de privacidad

logo
HOLA Y BIENVENIDO
Suscríbete y así estarás apoyando a crear contenido de calidad
SUSCRÍBETE
Cerrar sesión