¿Has escuchado a personas jóvenes lamentarse de las dificultades que enfrentan para concretar su proyecto de vida? Yo sí, muchos de ellos consideran que la posibilidad de aspirar a un buen nivel de vida es un camino cuesta arriba.

¿Has escuchado a personas jóvenes lamentarse de las dificultades que enfrentan para concretar su proyecto de vida? Yo sí, muchos de ellos consideran que la posibilidad de aspirar a un buen nivel de vida es un camino cuesta arriba. Hay también una frustración personal y profesional agravada, además, por un yugo autoimpuesto o impuesto por las expectativas familiares que aspiran a que alcancen y superen lo obtenido por sus padres.
Sin embargo, para la gran mayoría parece cada vez más difícil.
En las últimas décadas pasamos como sociedad por la apuesta a la educación para aspirar a mejorar nuestras condiciones de vida; nuestros padres nos decían que debíamos estudiar y tener un título profesional si queríamos ser “alguien en la vida”. Con el paso del tiempo, se cuestiona si verdaderamente contar con estudios profesionales garantiza movilidad social cuando enfrentamos falta de oportunidades laborales y precariedad salarial.
Con el auge del neoliberalismo nos vimos envueltos en la era de la literatura de autoayuda, de la meritocracia y el slogan del “Yes, you can”, concentrando la responsabilidad del éxito o fracaso del individuo en sí mismo. Si eres pobre es porque quieres, porque no te esfuerzas lo necesario, porque no trabajas lo suficiente, no hay nada que no puedas lograr, ¡échale ganas!
A todo esto, ¿es verdad que la posibilidad de tener mejores condiciones de vida de las que tuvieron nuestros padres es cada vez más compleja? ¿Sigue siendo la educación un factor para la movilidad social? ¿La niñez es destino? ¿Para las y los mexicanos el origen es destino?
A propósito de movilidad social, se acaba de publicar el Informe Movilidad Social en México 2025, la persistencia de la desigualdad de oportunidades, llevado a cabo por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias en 2023. El cuarto levantamiento de la Encuesta ESRU de Movilidad Social pretende indagar sobre el grado de asociación entre las circunstancias de origen y el destino de vida de las personas en México y contar con información representativa que permita contestar si el primero —el origen— determina al segundo —el destino—.
El resultado obtenido en los distintos levantamientos de la ESRU-EMOVI ha sido consistente: “La movilidad social en México es baja. Evidencia una alta permanencia de la población en los extremos de los grupos de origen en términos de recursos económicos, lo que da como resultado que, en el peor de los casos, las personas que en México nacen y crecen en la parte baja de la escalera de recursos económicos muy difícilmente la superan.
“Además de la dimensión económica, otra condición de origen que arrastra hacia un destino similar es la educativa: la escolaridad de los padres influye en el nivel de estudios que alcanzan sus hijos. En otras palabras, la lotería que implica el hogar en el que la cigüeña deposita a las personas en su nacimiento acaba determinando sus opciones de logro en la vida, lo que les deja poco margen para que puedan trazar su propio destino”.
Existen otras dos variables que también pesan en el destino de las personas: por un lado, la dimensión geográfica tiene un papel preponderante en las opciones de movilidad social de las personas en México. Nacer y crecer en una zona rural limita el espacio de oportunidades en comparación con el disponible en las zonas urbanas.
Por otra parte, las características personales también influyen de manera diferenciada en las opciones de logro de la población. En este ámbito, la desigualdad de trato es muy importante. En particular, los hallazgos de las encuestas apuntan hacia una mayor desventaja en cuanto a oportunidades para las mujeres, para la población indígena y para las personas que tienen un tono de piel más oscuro.
Los resultados no parecen ser ajenos al conocimiento de la mayoría de nosotros.
De acuerdo con el informe, la baja movilidad social observada se explica por una alta desigualdad de oportunidades, la cual a su vez determina la alta desigualdad de resultados; es decir, los factores sobre los cuales las personas no tienen control (sus circunstancias de origen) hacen que una proporción muy importante de la desigualdad de resultados esté integrada por un componente injusto, que no es otro que la desigualdad de oportunidades.
En cuanto a la dimensión educativa, plantea que la asociación entre la escolaridad de los padres y la de los hijos implica que las condiciones de origen de una persona son determinantes en su trayectoria educativa y, “por lo tanto, en la transmisión intergeneracional de ventajas y desventajas en dicha dimensión. En ese sentido, supone también un juicio sobre la capacidad del sistema educativo de establecerse como un espacio que genere igualdad de oportunidades, es decir, donde se neutralice el efecto de las ventajas y desventajas de arranque para que las personas puedan desarrollarse de acuerdo con sus aspiraciones y potenciales”.
Un hallazgo interesante describe un marcado incremento en la movilidad educativa intergeneracional para las personas nacidas entre 1960-1969 y 1970-1979, lo que dio lugar a un cierre de la brecha. Sin embargo, para las personas nacidas en las dos décadas posteriores (1980- 1989 y 1990-1999) dicho proceso se estancó, y la persistencia intergeneracional se incrementó en algunas regiones, como el norte, el norte-occidente y el centro del país.
En resumen: si las personas cuentan con oportunidades para desarrollarse y alcanzar su potencial, más que el origen, lo que determinará su destino será su propio esfuerzo. Eso implica que habrá más movilidad social en la medida en que nos encontremos en una situación de mayor igualdad de oportunidades.
Es así que, ante la desigualdad social y la falta de oportunidades, el esfuerzo, el trabajo, el tú puedes: ¡échale ganas! no suelen ser suficientes para mejorar las condiciones económicas y de estatus social en las que nacimos.
Esto es verdad en términos de que el análisis se centra en los estratos de pobreza y pobreza extrema de los cuales es todavía más difícil salir.
La apuesta seguirá siendo combatir la desigualdad social asegurando mayores oportunidades especialmente, aunque no solo para quienes viven vulnerabilidades y de esta forma lograr que el origen no siempre sea destino.
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