El 4 de marzo pasado, el puente atirantado de Pachuca cumplió tres años de su inauguración y desde entonces ha sido un monumento a la inutilidad para los pachuqueños, tanto para peatones como para automovilistas.

El 4 de marzo pasado, el puente atirantado de Pachuca cumplió tres años de su inauguración y desde entonces ha sido un monumento a la inutilidad para los pachuqueños, tanto para peatones como para automovilistas.
La obra, que costó más de 500 millones de pesos, no funciona ni para los autos, ya que de forma mágica se reduce de tres a un solo carril, mientras las paradas de transporte público, planeadas con la precisión de un adivino, complican aún más el tránsito. En la glorieta, los usuarios practican diariamente su versión extrema de “cruzar la calle y no morir en el intento”.
¿Pero qué ha hecho el gobierno estatal para arreglarlo? A mediados de 2024, las autoridades, en un arrebato de entusiasmo, anunciaron un proyecto para “mejorar” el puente atirantado.
La Sipdus informó que sería a finales de enero cuando se concluiría un estudio valuado en la módica cantidad de 6 millones 293 mil 150 pesos, según la licitación, la cual también contemplaba 123 días naturales para entregarlo, es decir, el 2 de diciembre de 2024. Sin embargo, a casi 30 de abril, seguimos sin conocer el resultado de tan carísimo análisis, quizá perdido en algún escritorio junto a las promesas de campaña.
Lo cierto es que este problema afecta a todos los que se atreven a usar este tramo, ya sea en auto particular o a pie. Mientras tanto, el gobierno parece más ocupado en obras de relumbrón como la remodelación del parque David Ben Gurión, la plaza Juárez, la feria de Pachuca y otras prioridades tan urgentes que nos hacen preguntarnos: ¿Quién decide las prioridades estatales?
Mal y de malas la pasa Edmundo Tejeda, alcalde de Mineral del Monte: ahora se le avecina una manifestación por parte de vecinos de la demarcación… bien se sabe que no es lo mismo hacer negocios que hacer política.