En Sinaloa, el tema de la violencia e inseguridad ha causado que los ciudadanos se manifiesten. No es fácil salir a protestar: el temor prevalece. Sin embargo, hoy se sabe que el coraje es mayor que el miedo.

José Raquel Badillo
En Sinaloa, el tema de la violencia e inseguridad ha causado que los ciudadanos se manifiesten. No es fácil salir a protestar: el temor prevalece. Sin embargo, hoy se sabe que el coraje es mayor que el miedo.
Hace unos meses, lo mismo ocurría en el estado de Guerrero. A la muerte de su alcalde, los ciudadanos marcharon para protestar por la violencia.
En aquella ocasión, se hizo el planteamiento para que desde el Senado se desaparecieran los Poderes en esa entidad, representada por Evelyn Salgado. Obviamente, ese planteamiento provenía desde la oposición y, a su vez, los senadores del partido en el poder plantearon que en el estado de Guanajuato también se decretara la desaparición de poderes por tanta violencia.
Al final del día, ni en Guerrero ni en Guanajuato hubo consenso para desaparecer los poderes.
Los poderes de una entidad eran desaparecidos a iniciativa del Ejecutivo nacional.
Así ocurrió infinidad de veces. Bastaba que desde Palacio Nacional se instruyera a sus senadores para crearles un juicio político a los gobernadores.
Ejemplos sobran: vagamente recuerdo que en Coahuila se la aplicaron a Óscar Flores Tapia; en Hidalgo, a Otoniel Miranda Andrade; y en Guerrero, a Rubén Figueroa, a Ángel Aguirre Rivero, y a un sinfín de mandatarios estatales que fueron depuestos a lo largo y ancho del país.
Era una práctica netamente priista, pues ni Fox, Calderón ni AMLO tomaron ese modelo.
Aquí en Hidalgo, los campesinos se plantaron en plaza Juárez y se decretó la desaparición de Poderes, lo que dio lugar a la llegada de Jorge Rojo Lugo. Según se dice, todo fue gestado desde el entonces Distrito Federal; los “campesinos” eran militares…
¿Pero entonces por qué y para qué el lema “El pueblo pone y el pueblo quita”? Resulta curioso que, a la llegada de la 4T, una de las propuestas de su principal ideólogo (AMLO) haya promovido y hasta llevado a cabo el ejercicio de la revocación de mandato.
Y ahora que en muchas entidades los ciudadanos, al sentir el crecimiento delictivo (Guanajuato, Guerrero y Sinaloa), desean que sus gobernantes se vayan del poder.
Sería sano e interesante que en estos estados se llevara a cabo el ejercicio electoral de la revocación del mandato y que no desde un poder central se respalde de facto a los gobiernos con un apoyo institucional donde los ponen como víctimas.
Por cierto, realizar este ejercicio de revocación de mandato en una entidad como Hidalgo sería un insulto a la democracia si antes no se realiza en entidades que claman ser escuchadas y desean quitar a sus gobernantes.
Dice Rachy: exigir que en el estado de Hidalgo haya revocación de mandato obedecería más a la presión de un grupo político que al clamor ciudadano.